Andreu Coll
Nuevo contexto: de la removilizaci贸n al retorno de la exigencia estrat茅gica
Hoy en d铆a se habla mucho del papel de los movimientos sociales y de su protagonismo en cualquier proceso de cambio social, lo cual supone un cambio de tendencia muy positivo si tenemos en cuenta que hace tan solo cinco a帽os que hemos empezado a remontar un largo ciclo de apat铆a cultural, de desmovilizaci贸n social y de desconcierto ideol贸gico. La irrupci贸n del movimiento contra la globalizaci贸n capitalista y su mutaci贸n en movimiento antiguerra ha abierto un nuevo periodo hist贸rico de removilizaci贸n y de radicalizaci贸n pol铆tica que ser谩 de largo alcance, ya que responde a causas profundas: la agudizaci贸n de los efectos antisociales del capitalismo debida a treinta a帽os de pol铆ticas neoliberales, imperialistas y militaristas y la consciencia creciente entre importantes capas sociales de que no hay ninguna salida estable y duradera para los principales problemas de la gente com煤n dentro de los cada vez m谩s estrechos m谩rgenes del sistema capitalista.
Sin embargo, en los 煤ltimos a帽os, se ha hecho patente que la agudizaci贸n de las contradicciones del capitalismo est谩 generando situaciones pol铆ticas explosivas en muchas zonas del mundo: Indonesia, Ecuador, Argentina, Bolivia鈥 donde se han producido aut茅nticos terremotos sociales que han agitado esos pa铆ses de arriba abajo, abriendo situaciones de vac铆o de poder en las cuales la perspectiva revolucionaria dejaba de ser una utop铆a lejana para convertirse en una tarea factible y concreta. Y es precisamente la derrota moment谩nea de estas experiencias de movilizaci贸n popular, con la posterior reconstrucci贸n de la autoridad del Estado 鈥揹ebida, fundamentalmente, a la incapacidad del campo popular en encontrar una salida pol铆tica anticapitalista a las explosiones sociales- el elemento que a帽ade un nuevo pelda帽o a la reflexi贸n de la izquierda alternativa y del movimiento anticapitalista: ya sabemos que no resolveremos los principales problemas que nos afectan 鈥搚 que no hacen m谩s que empeorar- en el marco del capitalismo; tambi茅n est谩 claro que no cambiaremos las cosas sin luchas masivas y sin romper un plato鈥 Sin embargo, a la vista de muchas experiencias recientes, el 鈥溌ue se vayan todos!鈥, sin concretar una ruptura con el aparato estatal establecido, ha tenido, tiene y, desgraciadamente, tendr谩 como resultado un triste 鈥溌e quedan todos!鈥.
Muchas experiencias hist贸ricas del movimiento socialista y otras de m谩s recientes ense帽an que el mantenimiento del n煤cleo duro del Estado capitalista es la garant铆a 煤ltima de que las clases dominantes puedan estabilizar de nuevo la situaci贸n: no hay crisis socioecon贸mica alguna que sea irreversible para las clases dominantes mientras conserven el control sobre su Estado. Y esto vale tanto para la Argentina de hace dos a帽os, como para el Chile de hace treinta鈥 y valdr谩 en el Estado espa帽ol dentro de diez.
Acci贸n social y acci贸n pol铆tica; sociedad civil y Estado
L@s marxistas revolucionari@s defendemos una concepci贸n de la acci贸n pol铆tica que intenta alejarse de dos errores diferentes, pero que se alimentan mutuamente. Creemos que no se puede acabar con la sociedad capitalista utilizando como 煤nicos instrumentos de transformaci贸n las instituciones desarrolladas por esta sociedad y que le son afines. Creemos que es imposible superar el capitalismo con una mera acumulaci贸n de reformas socioecon贸micas que, sin enfrentamientos ni sobresaltos, conduzcan a una sociedad emancipada. Las instituciones pol铆ticas de 鈥渟u democracia鈥 est谩n controladas por las clases que ejercen el poder en todas las dem谩s esferas. Y, no lo olvidemos, estas clases nunca renunciar谩n a sus privilegios sin oponer resistencia: Espa帽a 1936, Indonesia 1965, Chile 1973, Venezuela 2004, son nombres y fechas que ejemplifican que ninguna clase dominante explotadora renunciar谩 jam谩s a sus privilegios sin oponer una resistencia encarnizada.
Sin embargo, a su vez, l@s marxistas creemos que tampoco se puede cambiar de sociedad exclusivamente desde la movilizaci贸n extraparlamentaria, ignorando la necesidad de imponer una ruptura radical de estructuras pol铆ticas y econ贸micas. A diferencia de l@s libertari@s, que creen que el Estado es un mal en s铆 mismo independientemente de su naturaleza de clase, pensamos que las instituciones existentes no pueden desaparecer con un mero ejercicio de voluntad鈥 y que no se extinguir谩n definitivamente hasta que las contradicciones socioecon贸micas que las generan i perpet煤an no se hayan resuelto por la v铆a de transformaciones revolucionarias de gran alcance y duraci贸n. Ninguna forma de poder pol铆tico ha desaparecido sin ser substituida por otra y es bastante manifiesto que el Estado burgu茅s tampoco ser谩 una excepci贸n. Creemos que solo puede ser derrocado por formas nuevas y transitorias de poder pol铆tico resultantes de un proceso revolucionario construido desde la movilizaci贸n de todas las capas sociales trabajadoras y oprimidas.
As铆 pues, el marxismo revolucionario est谩 condenado a moverse en las complejas aguas del an谩lisis estrat茅gico. Unas aguas en las que se deben sortear los escollos de la 鈥渋lusi贸n pol铆tica鈥 de pensar que el gradualismo electoral es suficiente para generar cambios sociales y los escollos de la 鈥渋lusi贸n social鈥, consistente en pensar que se puede derrotar al sistema desde la movilizaci贸n social vaciada de consideraciones pol铆ticas estrat茅gicas.
Hoy se habla muy a menudo de que la distinci贸n tradicional entre acci贸n social y acci贸n pol铆tica se ha difuminado hasta el punto de ser pr谩cticamente lo mismo. Esta idea gu铆a a corrientes pol铆ticas como la Autonom铆a. Si bien es cierto que existen relaciones muy complejas entre lo social y lo pol铆tico y que no se puede tener una visi贸n reduccionista y mecanicista de estas relaciones, creemos que decir que la acci贸n social y la acci贸n pol铆tica son una misma cosa es tan absurdo como decir que la sociedad civil y el Estado son lo mismo. Es m谩s, precisamente porque el Estado y la sociedad civil son esferas diferentes que establecen relaciones mediatizadas, complejas, deformadas, pero desde luego muy reales entre si, hay que entender que la acci贸n anticapitalista debe infiltrarse y ramificarse en todos los 谩mbitos de la sociedad, descifrando las relaciones existentes entre si.
El marxismo cr铆tico y alternativo afirma que la acci贸n social y la acci贸n pol铆tica son tipos de acciones cualitativamente diferentes. Si bien es cierto que hay que potenciar el protagonismo del movimiento social en los procesos pol铆ticos, tambi茅n es verdad que hay que implicar a la estrategia pol铆tica en el movimiento social. Dicho en otras palabras: ni estamos a favor de que los movimientos sociales sean indiferentes a la acci贸n pol铆tica (como afirma el apoliticismo libertario) ni creemos que la acci贸n pol铆tica sea monopolio de lo que la gente llama despectivamente 鈥渓os partidos鈥 (como pretenden l@s reformistas y l@s pol铆ticos profesionales del sistema). No habr谩 un movimiento anticapitalista eficaz sin que el movimiento social irrumpa en las luchas pol铆ticas y sin que la izquierda pol铆tica contribuya a construir el movimiento social. As铆 pues, lo que tenemos que hacer no es afirmar la desaparici贸n de las diversas esferas sociales de intervenci贸n, sino, m谩s bien, buscar y contribuir a crear los puntos de intersecci贸n que permitan construir una izquierda alternativa insertada en el movimiento, pero a su vez orientada por una estrategia de poder anticapitalista.
El concepto de acci贸n pol铆tica: algunas nociones claves
Dec铆amos m谩s arriba que, a pesar de que se han ido difuminando y haciendo m谩s volubles, se puede establecer todav铆a una distinci贸n entre la esfera social y la esfera pol铆tica. Es precisamente por este hecho que ambas esferas tienen l贸gicas y c贸digos diferentes que hay que esforzarse en analizar. Y es en la esfera pol铆tica donde se condensan y se codifican todas las contradicciones de la sociedad. Es en buena medida en la esfera pol铆tica donde se consolidan las correlaciones de fuerzas entre las clases sociales, es tambi茅n en buena medida el lugar donde se van forjando las hegemon铆as pol铆tico-culturales de las clases dominantes que cultivan el consentimiento de los oprimidos, estableciendo el campo de lo cuestionable y de lo que no est谩 sujeto a cuestionamiento. Es tambi茅n en el campo de la acci贸n pol铆tica donde las clases sociales articulan, mediante sus partidos, sus procesos de movilizaci贸n para el ejercicio del poder.
Precisamente, la funci贸n de una organizaci贸n revolucionaria es potenciar la dimensi贸n pol铆tica de cualquier proceso o fen贸meno; ya sea econ贸mico, social, cultural, ideol贸gico, etc鈥 en la medida en que sea 煤til para mejorar la correlaci贸n de fuerzas pol铆ticas a favor de las clases subalternas. Y, a su vez, el 茅xito de una organizaci贸n anticapitalista depender谩 de su capacidad de traducir su estrategia pol铆tica global de ruptura con el sistema en una serie de iniciativas pol铆ticas, sociales (隆y sindicales!), culturales鈥 que vayan creando las condiciones y vayan acumulando la experiencia necesaria para un enfrentamiento pol铆tico abierto con el adversario. Dicho en otras palabras: desarrollar un programa significa pasar del campo de la ideas al campo de las acciones; conseguir que el trabajo propagand铆stico transcrezca en agitaci贸n y movilizaci贸n. Pero tambi茅n implica arraigar una organizaci贸n pol铆tica que sea capaz de asumir un rol pr谩ctico objectivo que resulte 煤til a las clases oprimidas siempre que luchen por su emancipaci贸n, tomando consciencia de sus intereses y de sus objetivos.
La organizaci贸n pol铆tica como dispositivo estrat茅gico: las tareas de una organizaci贸n revolucionaria
Como apunt谩bamos m谩s arriba, una organizaci贸n pol铆tica se define y se delimita en base a su programa. Es el programa lo que perfila al partido y no a la inversa. Son los objetivos finales de la organizaci贸n (la ruptura radical con el capitalismo y la construcci贸n de una sociedad ecol贸gicamente sostenible emancipada del dominio clasista y de la opresi贸n patriarcal) lo que define sus tares concretas y sus formas de lucha.
Esta es una diferencia central entre una organizaci贸n pol铆tica y un movimiento social: un movimiento lucha contra opresiones y problem谩ticas espec铆ficas, mientras que una organizaci贸n pol铆tica articula a sus militantes en torno a un programa general y un proyecto de sociedad, y no en base a reivindicaciones parciales y concretas.
Pero, 驴cu谩les son las grandes tareas que debe desarrollar una organizaci贸n revolucionaria?
路 Descifrar las claves de la situaci贸n pol铆tica: calibrar el nivel de conciencia y politizaci贸n de los diferentes sectores sociales, analizar la correlaci贸n de fuerzas pol铆tica real entre las clases, entender las din谩micas sociales y los procesos pol铆ticos de fondo que se desarrollan en la sociedad, percibir las contradicciones que atraviesan al sistema, identificar los s铆ntomas y los procesos de radicalizaci贸n pol铆tica鈥
路 Desarrollar un sentido de la iniciativa pol铆tica. Esto es: desarrollar la capacidad de formular hip贸tesis estrat茅gicas que orienten el conjunto de las tareas de la organizaci贸n. Una organizaci贸n revolucionaria meramente emp铆rica incapaz de hacer predicciones generales que permitan adelantarse a los acontecimientos no tiene ninguna raz贸n de ser y no puede cumplir ninguna funci贸n objetiva en el movimiento emancipatorio. Es m谩s: sin hip贸tesis estrat茅gicas es imposible establecer una jerarqu铆a de prioridades a la hora de optimizar los esfuerzos.
路 La 煤ltima gran tarea general de una organizaci贸n revolucionaria es contribuir a establecer en cada momento, desde dentro de las luchas, los objetivos generales del conjunto del movimiento obrero en sentido amplio. Esta es una tarea de ida y vuelta, en la medida en que supone conjugar los an谩lisis te贸ricos y las experiencias pr谩cticas de intervenci贸n. Como dec铆a Marx en el Manifiesto Comunista, lo 煤nico que diferencia a l@s comunistas del resto del movimiento obrero es la consciencia clara de los objetivos generales de la lucha: construir una nueva sociedad desembarazada de opresiones y de explotaci贸n, una sociedad socialista.
* Publicado en Revolta Global n.9 / www.revoltaglobal.net
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