CONSIDERACIONES ACERCA DEL VIRAJE DEL PARTIDO COMUNISTA DE EL SALVADOR HACIA LA LUCHA ARMADA ( Marzo de 1983)
Schafik Jorge Handal
(Secretario general del PCS, Comandante en Jefe de las FAL y
Miembro de la CG del FMLN)
I. Acerca de la condici贸n principal y determinante que impuls贸 el viraje del Partido hacia la lucha armada; agotamiento objetivo de las posibilidades de la lucha electoral y el viraje de las grandes masas hacia el apoyo a la lucha armada. .
Consideramos conveniente, antes de abordar el tema, referirnos brevemente a algunos antecedentes que est谩n a la base de la explicaci贸n del viraje del Partido hacia la lucha armada, aun a riesgo de caer en la repetici贸n de ciertos aspectos que ya hemos tratado en otras ocasiones. (1)
(1): En nuestro art铆culo 鈥淓l Poder, El Car谩cter y la v铆a de la Revoluci贸n y la Unidad de la Izquierda鈥, aparecido en el No. 4 de la Revista Fundamentos y Perspectivas, abordamos tales aspectos.
A partir de 1964, despu茅s de las reformas a la Ley Electoral, que permitieron la representaci贸n de las minor铆as en la Asamblea Legislativa, se abri贸 un per铆odo continuado de sucesivas elecciones que dur贸 13 a帽os. En el comienzo de ese per铆odo, la lucha electoral lleg贸 a tener un atractivo fuerte para el pueblo salvadore帽o, especialmente despu茅s de que diputados de la oposici贸n pudieron llegar a la Asamblea Legislativa y de que una considerable cantidad de Alcald铆as y Consejos Municipales pasaron al control de la oposici贸n por medio de las urnas. Se gener贸 as铆 un movimiento electoral fuerte: en 茅l precisamente, creci贸 el Partido Dem贸crata Cristiano; 茅ste se hab铆a fundado en el a帽o 1960 y se hizo partido con alta votaci贸n a partir de las reformas a la Ley Electoral y de su participaci贸n en las elecciones. Nosotros entramos en 1966 al proceso electoral, ante todo y sobre todo, para impedir que las masas fueran influidas profundamente por la burgues铆a, y para abrirle espacio en el terreno legal a la divulgaci贸n de nuestra l铆nea por la Revoluci贸n Democr谩tica Anti-Imperialista. En 1966-67, postulamos un candidato presidencial junto con otras fuerzas que conformaban鈥攏o org谩nicamente pero s铆 de hecho鈥 un frente democr谩tico progresista antiimperialista. Puesto que el PCS hab铆a sido condenado a la ilegalidad y la persecuci贸n desde 1932, para tomar parte en las elecciones nos cubrimos, por decirlo as铆, con la legalidad de un partido que ten铆a un registro antiguo, pero que rara vez funcionaba o funcionaba muy d茅bilmente; llegamos a acuerdos con los dirigentes de ese partido (el Partido Acci贸n Renovadora 鈥揚AR-) y nos arropamos con su legalidad. Ese partido
postul贸 como candidato presidencial al Dr. Fabio Castillo Figueroa, que hasta ese momento era Rector de la Universidad de El Salvador.
Efectivamente, la participaci贸n en la campa帽a electoral nos mostr贸 que ello ten铆a virtudes: pudimos alcanzar una vinculaci贸n bastante activa con las masas de la ciudad y el campo, logramos el rescate de la clase obrera de San Salvador, Santa Ana y otras ciudades que en las elecciones de 1964, las primeras que se realizaron bajo el signo de la reforma electoral, hab铆a sido arrastrada por el encendido discurso de la 鈥淩evoluci贸n de los Pobres鈥 al que entonces apelaba el Partido Dem贸crata Cristiano. Aquella gran movilizaci贸n pol铆tica foment贸 la lucha reivindicativa de los trabajadores (obreros, maestros y otros), se despleg贸 el movimiento huelgu铆stico (ausente desde 1964 por la represi贸n). As铆, la decisi贸n que adopt贸 el PCS confirmaba su acierto en la pr谩ctica.
Inmediatamente despu茅s de aquellas elecciones presidenciales fue ilegalizado el PAR, pero nuestro Partido apoy谩ndose en la voluntad de las masas congregadas por la campa帽a electoral reciente, encontr贸 la manera de quedar presente en el terreno de la pol铆tica legal: no disolvi贸 los Comit茅s del PAR que hab铆an sido organizados en todo el pa铆s, mantuvo sus locales abiertos, sigui贸 haciendo su trabajo e intent贸 varias veces legalizar otro partido. Estos intentos fueron rechazados, pero finalmente, en 1971 llegamos a un acuerdo con los dirigentes de un partido de nuevo registro llamado Uni贸n Democr谩tica Nacionalista (UDN) y volvimos a encontrar una cobertura legal, no s贸lo para nosotros sino tambi茅n para algunos grupos y personalidades democr谩ticas. A partir de all铆 fue posible la creaci贸n de la Uni贸n Nacional Opositora (UNO), mediante un pacto pol铆tico con el Partido Dem贸crata Cristiano y con el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), que es el partido que ya desde aquel tiempo encabeza el Dr. Guillermo Manuel Ungo, actualmente Presidente del Frente Democr谩tico Revolucionario (FDR).
La dictadura militar alarmada por los resultados de las elecciones presidenciales de 1967 y por el creciente movimiento huelgu铆stico, volvi贸 a las pr谩cticas represivas, comenzando as铆 a rasgarse la imagen democr谩tica que estren贸 con la reforma electoral. Las confrontaciones de las masas con las fuerzas represivas se volvieron frecuentes y cada vez m谩s graves; el fraude en las elecciones se hizo m谩s y m谩s descarado. Esta situaci贸n influy贸 en el PDC; sus bases se fueron radicalizando, no pocas veces comunistas y democristianos sufrimos juntos la persecuci贸n y la represi贸n. Se produjo as铆 el surgimiento de una corriente hacia la izquierda en la base y parte de los dirigentes del Partido Dem贸crata Cristiano, y sobre todo en su organizaci贸n juvenil, de donde se promovieron algunos cuadros a la direcci贸n del Partido. Todo esto en definitiva impuso la alianza con el PCS a pesar de que una parte de la direcci贸n democristiana se opon铆a.
La formaci贸n de la UNO le dio al movimiento electoral popular una enorme envergadura, alcanz贸 la mayor铆a ya en febrero de 1972 en su primera participaci贸n electoral (las elecciones presidenciales de ese a帽o), pero vino un burdo fraude en el escrutinio de los votos, contestado por un levantamiento fallido de un grupo de militares dem贸cratas (25 de marzo). Se decret贸 el Estado de Sitio y por medio de la represi贸n fue impuesto por la fuerza el candidato oficial. Sin embargo, continuamos participando en las elecciones: en las parlamentarias y municipales del a帽o 1974, en las del mismo tipo el a帽o 1976, pero a 煤ltima hora nos retiramos de 茅stas porque los preparativos del fraude eran ya muy descarados y evidentes; a pesar de ello seguimos con la agitaci贸n y la propaganda hasta el 煤ltimo momento, denunciando esos manejos y, sobre todo, alertando al pueblo acerca del proceso de fascistizaci贸n de la dictadura militar, el cual habi茅ndose iniciado a fines de 1974, entonces se profundizaba y aceleraba. La dictadura estaba pr谩cticamente en un callej贸n con una sola salida: si respetaba de alguna manera las consultas electorales, perder铆a el control de la Asamblea Legislativa, del gobierno y de algunos otros escalones del poder. De esa manera, mantenerse en pie s贸lo le era posible incrementando ilimitadamente la represi贸n y reorganizando el aparato estatal, deviniendo en dictadura fascista; y como el mando militar no pod铆a deshacerse d e un tajo del procedimiento electoral, este necesariamente deb铆a ser corrompido, convertido del todo en una grotesca simulaci贸n. As铆 exactamente ocurri贸: la represi贸n tom贸 m谩s y m谩s el car谩cter de matanza, los asesinatos pol铆ticos proliferaron, las capturas ilegales y los desaparecimientos se convirtieron en hechos cotidianos. La UNO decidi贸 participar en las elecciones presidenciales de 1977; la campa帽a comenz贸 en los 煤ltimos meses de 1976 y esta vez su candidato fue un militar dem贸crata retirado. la UNO obtuvo una victoria m谩s rotunda que la del a帽o 1972 y de nuevo la dictadura manose贸 los resultados.
Nosotros sab铆amos que las elecciones no pod铆an ser una v铆a al poder para las fuerzas democr谩ticas y mucho menos para las fuerzas revolucionarias, antiimperialistas y eso era lo que predic谩bamos a las masas durante las campa帽as electorales, principalmente en aquella 煤ltima; las alert谩bamos a no ilusionarse con las elecciones, a estar concientes de que este proceso iba a agotarse y que ser铆a necesario pasar a formas de lucha superiores. Nos gui谩bamos as铆 por la ense帽anza leninista de llevar a las masas a hacer su propia experiencia; nosotros est谩bamos convencidos desde decenios atr谩s que este camino no conduc铆a al poder, pero que hab铆a que convencer a las masas y las masas deb铆an hacer para ello su propia experiencia, chocando con el aparato de la dictadura en el terreno electoral y en los otros terrenos de su lucha.
Las elecciones de 1977 trajeron en efecto el agotamiento real de las posibilidades del proceso electoral para las masas; es decir para las grandes masas trabajadoras de la ciudad y del campo y un amplio sector de las capas medias. Tras este final del proceso electoral, tras este agotamiento, vino el viraje de las masas en gran escala al apoyo y la incorporaci贸n a la lucha armada. Digo al apoyo, porque desde 1970 ya exist铆an algunas organizaciones armadas en el pa铆s; una m谩s que las otras hab铆a logrado ir conformando un movimiento de masas que ya a la altura de 1977 era grande, pero en general el movimiento armado no era todav铆a el movimiento que conduc铆a a las grandes masas del pueblo, la UNO segu铆a siendo el frente tras el cual marchaban las mayor铆as; fue en febrero de 1977, cuando se agot贸 el proceso electoral y vino el viraje en gran escala de las amplias masas hacia la lucha armada. Ese momento lo hab铆amos previsto y cuando lleg贸, el PCS hizo un gran esfuerzo durante la semana siguiente a las elecciones (21 al 28 de febrero) para desarrollar la acci贸n insurreccional de las masas: en San Salvador y en otras ciudades como Santa Ana -la segunda ciudad del pa铆s-, fueron realizadas por nosotros muchas acciones de lucha armada e insurrecionales que contaron con el apoyo de las masas. Decenas de miles de personas siguieron el llamamiento de la UNO de ocupar el centro de la ciudad, la Plaza Libertad; levantaron barricadas y llegaron a ocupar m谩s o menos 16 manzanas durante varios d铆as; permanec铆an all铆, aunque hab铆a relevo espont谩neo y constante; funcionaba una tribuna abierta permanente, desde la cual el propio candidato presidencial, el Coronel Claramount, los dirigentes de la UNO y oradores surgidos de la masa realizaban intervenciones continuas, cultivando la disposici贸n combativa y orientando aquel movimiento. Mientras tanto, en el resto de la ciudad y en otras ciudades, peque帽os grupos armados, fundamentalmente de la Juventud Comunista y del Partido, realizaban numerosas acciones armadas que contaron con un gran apoyo. La madrugada del 28 de febrero el ej茅rcito embisti贸 el centro de la ciudad con una gran fuerza, realiz贸 una matanza y desaloj贸 la Plaza Libertad, pero las masas hab铆an llegado a un nivel bastante alto de combatividad y durante todo aquel d铆a y parte del d铆a siguiente, conducidas por militantes de nuestro Partido y nuestra Juventud, realizaron en la parte c茅ntrica de la capital muchas acciones de violencia contra edificios y transportes del gobierno, contra los peri贸dicos de la oligarqu铆a. Fueron acciones insurreccionales y fuertes enfrentamientos con las tropas de la dictadura, pero no lleg贸 a desatarse una insurrecci贸n general, entre otras causas, porque nosotros no pudimos organizarla.
Cuando se agot贸 la posibilidad de conducci贸n concreta del Partido, aquel movimiento insurreccional empez贸 a declinar, pero hab铆a quedado abierta para las grandes masas una puerta muy ancha hacia la lucha armada: el viraje de las masas hacia la lucha armada era irreversible.
En esas condiciones, la Comisi贸n Pol铆tica del PCS acord贸 realizar el viraje del Partido hacia la lucha armada. Esas fueron las condiciones en las que se produce el acuerdo, no durante el VII Congreso en 1979 sino en abril de 1977.
II. Acerca de las contradicciones entre las grandes exigencias de la decisi贸n del viraje, las profundas debilidades ideol贸gicas y org谩nicas que retrasaron por dos valiosos a帽os el viraje.
Como ya se dijo, la Comisi贸n Pol铆tica adopt贸 el acuerdo de realizar el viraje en aquel momento, despu茅s de los enfrentamientos de febrero y marzo de 1977. Al hacerlo as铆, la Comisi贸n Pol铆tica estaba aplicando la l铆nea general del Partido, aprobada por sucesivos Congresos, seg煤n la cual la toma del poder por la v铆a armada era la m谩s probable en nuestro pa铆s. Sin embargo, no pudimos hacer este viraje r谩pidamente; el esfuerzo para realizarlo nos cost贸 dos a帽os, dos a帽os muy valiosos que retrasaron la incorporaci贸n pr谩ctica del Partido a la lucha armada y afectaron el desarrollo mismo del Partido. Tuvimos que enfrentar una serie de obst谩culos; las decisiones de la Direcci贸n y el apoyo a esas decisiones fue un谩nime, absolutamente nadie les hizo oposici贸n, todo mundo recibi贸 con entusiasmo lo que se hab铆a acordado y a pesar de eso no pod铆amos hacerlo realidad. Exist铆an causas no conocidas que era necesario descubrir y la Direcci贸n del Partido, desde la segunda mitad de 1978 en el proceso de la preparaci贸n del VII Congreso, realiz贸 un gran esfuerzo para descubrirlas. Parec铆a que se trataba de simples faltas de eficacia, de descuido, etc. y as铆 lo hab铆amos venido manejando; las orientaciones organizativas, como por ejemplo, la creaci贸n de los Grupos de Acci贸n Revolucionaria (GAR) alrededor de las c茅lulas del Partido y la Juventud, no camin贸 mucho durante aquellos dos a帽os; nosotros pensamos que era falta de comprensi贸n de la nuevas formas organizativas y que a eso se reduc铆a todo. Pero en nuestra b煤squeda descubrimos despu茅s un grupo de causas que eran en realidad las que estaban obstaculizando el viraje.
Si bien el Partido hab铆a acertado en el enunciado, aunque muy general y simple, de su tesis sobre la v铆a armada de la revoluci贸n, y ten铆a claro que el proceso electoral no conducir铆a al poder y lo estuvo predicando a las masas, tambi茅n result贸 que en el curso de los 11 a帽os de participaci贸n electoral, el Partido adquiri贸 ciertos rasgos ideol贸gicos, ciertos h谩bitos, incluso cierto estilo que retrasaban la posibilidad de un viraje como el que deb铆amos realizar. Entre estos rasgos ideol贸gicos hab铆an no pocos ingredientes de reformismo. En el curso de estos 11 a帽os m谩s de una vez, tanto la Direcci贸n del Partido, como la base nos ilusionamos sobre la posibilidad de alcanzar resultados mejores con el proceso electoral. Estos eran serios obst谩culos ideol贸gicos que deb铆amos remover.
En el marco de la UNO, el Partido jug贸 un papel muy importante en la elaboraci贸n de su programa, de su t谩ctica y de la aplicaci贸n de la l铆nea que se trazaba. En las campa帽as electorales el Partido desplegaba un gran dinamismo y como resultado de todo esto generamos no poca influencia en nuestros aliados, pero tambi茅n -seg煤n lo demostraron los hechos- nuestros aliados hab铆an generado influencia sobre nosotros.
Se hab铆an ido configurando rasgos reformistas en el Partido, que se expresaron principalmente en el abandono durante esos 11 a帽os, de los esfuerzos por parte de la Direcci贸n del trabajo por desarrollar la violencia revolucionaria de las masas y en particular su autodefensa frente a la represi贸n y la construcci贸n de la fuerza armada del Partido. Esta conducta se trat贸 de justificar con el argumento de la 鈥減revenci贸n contra las provocaciones鈥. De hecho, este era un frenaje del surgimiento y desarrollo de la violencia popular, m谩s a煤n, de la violencia revolucionaria armada y tambi茅n una atrofia en la formaci贸n de la militancia del Partido y de la Juventud que cultiv贸 en su estilo la prudencia, la precauci贸n, la no violencia. Nunca nuestro Partido lleg贸 a condenar la lucha armada, siempre mantuvo formalmente su formulaci贸n sobre la v铆a de la revoluci贸n, pero estas otras ideas y estilo se fueron colando, nos fueron influyendo y dieron sus resultados pr谩cticos en contra del desarrollo de su trabajo militar.
En a帽os anteriores a nuestra participaci贸n en las elecciones, el Partido hab铆a realizado trabajo en el terreno militar; all谩 por los a帽os 1961 a 1963 no empe帽amos en un esfuerzo notable por enrumbar hacia la lucha armada. Esa orientaci贸n cont贸 con gran apoyo de masas, pero vino luego la correcci贸n: el v Congreso del Partido, realizado en marzo de 1964, le puso fin a aquella l铆nea de preparaci贸n para la lucha armada, enarbolando la bandera d que hab铆a que promover como prioritaria la 鈥渓ucha de masas.鈥
En aquel tiempo nosotros ve铆amos una contradicci贸n entre lucha de masas y lucha armada. Hay que recordar que entonces en Am茅rica Latina campeaba la concepci贸n del 鈥渇oco guerrillero鈥, en la cual -por lo menos al inicio de las acciones guerrilleras- se prescind铆a de las masas y de las condiciones objetivas para la revoluci贸n, que se consideraban en lo fundamental maduras en casi toda Am茅rica Latina y que en todo caso pod铆an 鈥渃rearse鈥 por la actividad combativa del grupo armado inicial en la monta帽a. Las condiciones subjetivas, con mayor facilidad aun, ser铆an tambi茅n creadas por dicha actividad; despu茅s, en el proceso del desarrollo de la lucha armada, se multiplicar铆an las vinculaciones con las masas, la influencia sobre las masas, etc.
A pesar de que nuestro movimiento de aquel tiempo estaba verdaderamente arraigado en las masas trabajadoras m谩s adelantadas, una parte de los cuadros responsables de nuestro trabajo sindical, apoyados por algunos compa帽eros de la Direcci贸n, comenzaron a mirar la debilidad de los sindicatos -que en verdad ten铆a otras causas muy distintas y opuestas a ese alegato- como una consecuencia de la 鈥減erturbaci贸n鈥 que provocaba entre las masas nuestra agitaci贸n por la lucha armada, promoviendo su falta de inter茅s y de seguridad en los sindicatos, as铆 como tambi茅n a consecuencia de la 鈥渁bsorci贸n鈥 de la militancia partidaria en las tareas de preparaci贸n militar. Los que est谩bamos por la lucha armada no comprend铆amos entonces la compleja y profunda vinculaci贸n de 茅sta con la lucha pol铆tica, la vinculaci贸n existente entre las diversas formas de la lucha no armada de las masas y su lucha armada; incurr铆amos en una relativa unilateralidad, de manera que aquellos alegatos terminaron convenci茅ndonos y el V Congreso de hecho realiz贸 un viraje, aunque mantuvo en la letra de sus documentos que 鈥渉asta donde se alcanza a ver, la v铆a de la revoluci贸n m谩s probable ser谩 la lucha armada鈥, -esas eran las palabras-. Esta formulaci贸n se completaba con las consabidas advertencias de 鈥渆star preparados para pasar de una a otras formas de lucha鈥 y saber 鈥渃ombinar las distintas formas, etc.鈥 La verdad es que despu茅s del V Congreso vino un per铆odo de viraje hacia el economismo y el abandono de la lucha pol铆tica en todas sus formas durante casi cuatro a帽os, hasta el inicio de nuestra participaci贸n electoral. Se prioriz贸 casi absolutamente el enfrentamiento de clases en la esfera de las relaciones econ贸micas obrero-patronales, el movimiento sindical pas贸 a ser el centro principal de nuestra actuaci贸n, con breves coyunturas en las que el movimiento por la reforma y democratizaci贸n de la Universidad le disputaba la prioridad. En 1966-67, como ya se dijo, entramos a la lucha electoral y volvimos as铆 a la lucha pol铆tica contra la dictadura militar de la oligarqu铆a y el imperialismo yanqui, lucha que asumi贸 las caracter铆sticas, limitaciones y consecuencias ya mencionadas.
Como puede verse, no era dif铆cil que el Partido absorbiera de sus aliados electorales aquellas dosis de reformismo, puesto que ven铆a de un per铆odo de claro economismo y, como se sabe, entre economismo y reformismo hay una esencia com煤n.
Estos problemas ideol贸gicos eran un obst谩culo para el viraje hacia la lucha armada en 1977-78. Primero que todo fue necesario tomar conciencia de ello y m谩s a煤n, tomar conciencia de la responsabilidad que le correspond铆a a la Direcci贸n del Partido en esos errores. Fue la propia Direcci贸n del Partido la que inici贸 con su autocr铆tica la correcci贸n ideol贸gica, hecho que en forma determinante asegur贸 que este proceso de rectificaci贸n se realizara r谩pidamente, sin ning煤n fraccionamiento en el Partido ni en la Juventud Comunista.
descubrimos tambi茅n que en el terreno org谩nico se alzaban otros obst谩culos: el principal de ellos consist铆a en que los cuadros de Direcci贸n Nacional e intermedia, los cuadros del partido en las organizaciones de masas, en fin, todo el conjunto de nuestros cuadros, excepto muy pocos. no ten铆an nociones, ni las m谩s elementales, acerca de como organizar el paso a la lucha armada. No nos referimos tanto a nociones t茅cnicas en 茅l terreno militar sino a nociones de una concepci贸n pol铆tico-militar correcta y a nociones acerca de los pasos concretos que deben darse, de lo simple a lo complejo, para organizar la violencia armada de las masas y el viraje del Partido. De una u otra manera, por esta raz贸n, segu铆a presente en el pensamiento de los cuadros, aunque no en forma expresa, la idea de la incompatibilidad de la lucha armada con las tareas de masas. Esto se expresaba, por ejemplo, en la resistencia, de una parte de los cuadros para aceptar que fueran desplazados activistas y cuadros de distintos frentes de masas hacia la preparaci贸n para la lucha armada, alegando de que esto desmejoraba, 鈥渄ejaba abandonada una tarea vital鈥, etc. Estas opiniones se manten铆an a pesar de que ya hab铆amos empezado a elaborar algunas ideas, si bien todav铆a elementales, pero correctas, acerca de c贸mo combinar unas formas de lucha con la otra, de como el Partido mismo debe participar, desde la base hasta la Direcci贸n en la conducci贸n de la lucha de masas, en organizar y orientar la combinaci贸n de unas y otras formas de la lucha armada y la lucha pol铆tica.
Hab铆a pues un problema en la formaci贸n de los cuadros: no ten铆an formaci贸n para cumplir con las tesis de Lenin, seg煤n la cual el Partido debe estar preparado para pasar 谩gilmente de unas formas de lucha a otras y combinarlas. Hab铆amos repetido tantas veces aquella lecci贸n que cre铆amos comprenderla, pero la vida mostr贸 que en realidad no la comprend铆amos, no est谩bamos en condiciones de realizarla. Precisamos que la responsabilidad por la formaci贸n de los cuadros comunistas es una responsabilidad de la Direcci贸n del Partido respectivo, pero tambi茅n del movimiento comunista internacional en conjunto. Esta formaci贸n unilateral de nuestros cuadros era el origen de diversos obst谩culos que se opon铆an a nuestro viraje en el terreno org谩nico. As铆 pues, est谩 claro que la formaci贸n unilateral de los cuadros era una manifestaci贸n de reformismo y economismo en las ideas y la l铆nea del Partido.
Otro aspecto de este mismo problema de los obst谩culos org谩nicos, consist铆a en que mantuvimos por mucho tiempo una d茅bil Comisi贸n Militar del Comit茅 Central, la cual supuestamente deb铆a encargarse de preparar el aparato militar del Partido. Esta Comisi贸n recib铆a muy poco apoyo y su trabajo era en extremo diminuto, Adem谩s, la orientaci贸n con que trabajaba la Comisi贸n Militar era equivocada; si la Comisi贸n hubiera tenido un buen desempe帽o, quiz谩 nos hubiera llevado al fraccionamiento del Partido en aquel marco de su situaci贸n general, porque hubiera puesto en contradicci贸n flagrante sus esfuerzos por cumplir ese aspecto de la l铆nea, con todo el curso del desarrollo de la lucha real del Partido, del estilo de sus costumbres, estando como estaba encajonado unilateralmente en el terreno de la lucha economista y la lucha electoral, sobre todo en esta 煤ltima. Tampoco era b谩sicamente correcto el enfoque de que la preparaci贸n para la lucha armada y esta misma lucha son una tarea exclusiva de la Comisi贸n Militar, en realidad es un problema de todo el Partido, desde su base hasta su direcci贸n; si no se lo ve de ese modo no puede haber una conducci贸n verdaderamente partidaria, verdaderamente leninista de esta forma de lucha, .no se puede asegurar que el Partido promueva, organice y dirija la lucha armada, construya y dirija su propia fuerza armada, promueva y combine la lucha armada con la lucha pol铆tica. Este era otro problema org谩nico que ten铆a connotaciones tambi茅n ideol贸gicas. As铆 pues, en el terreno org谩nico cobraban vida tambi茅n aquellas err贸neas ideas del terreno te贸rico-ideol贸gico. Para realizar el viraje era necesario resolver todos estos problemas y resolverlos de la mejor manera posible, conservando la unidad del Partido y cuid谩ndonos de no dar un bandazo y salir de errores de derecha para caer en errores izquierdistas, en el sentido leninista.
Pudimos realizar el viraje porque pudimos resolver estos problemas, hicimos una correcci贸n de nuestra l铆nea, pusimos en la picota de la cr铆tica y la autocr铆tica al reformismo. hicimos una correcci贸n org谩nica, llevamos a los cuadros los conocimientos militares y las concepciones pol铆tico-militares victoriosas en la experiencia hist贸rica internacional, incluyendo entre ellos cuadros de la Direcci贸n misma. Algunos cuadros del Comit茅 Central, de la Comisi贸n Pol铆tica del Partido y la Juventud Comunista recibieron incluso formaci贸n como oficiales; todo esto enriqueci贸 el pensamiento de la direcci贸n, su capacidad para llevar hasta el final este complejo viraje y para asumir progresivamente la conducci贸n de la lucha armada del Partido, la construcci贸n de su fuerza armada, su participaci贸n en la lucha pol铆tica y diplom谩tica, en pocas palabras, la conducci贸n de la participaci贸n en la Guerra Popular Revolucionaria que se libraba ya entonces en El Salvador, aunque todav铆a en fases iniciales en cuanto a envergadura y desarrollo.
III. Acerca de los problemas te贸ricos y las formas pr谩cticas adoptadas por el Partido para la organizaci贸n de la lucha armada: de las primeras formas de lucha armada a la construcci贸n y organizaci贸n de los organismos militares m谩s desarrollados.
A partir del VII Congreso (celebrado en la clandestinidad en abril de 1979), que le dio cima a todo aquel esfuerzo autocr铆tico y cr铆tico y puso en marcha la correcci贸n en el curso de dos a帽os y medio, toda la Comisi贸n Pol铆tica y m谩s de tres cuartas partes del Comit茅 Central adquirieron en regular grado de conocimientos militares, unidos a una pr谩ctica creciente en la conducci贸n de la guerra, y un importante conocimiento de las experiencias de la Guerra Popular Revolucionaria en otras latitudes. Poco a poco, la Direcci贸n en conjunto fue entrando en el terreno de dirigir la involucraci贸n y participaci贸n del Partido en la guerra de una manera concreta.
Cuando hablamos del involucramiento de todo el Partido en la guerra, no debe entenderse que todos los militantes del Partido pasan al aparato militar, o al rev茅s, que no se necesite aparato militar, ej茅rcito, porque el Partido sustituye al ej茅rcito. No se trata de eso, la lucha armada es una expresi贸n concreta de la violencia revolucionaria, la violencia revolucionaria es tal cuando es violencia de las masas mismas, dirigida contra los opresores y explotadores y en fin de cuentas, contra todo el sistema de la dominaci贸n imperialista sobre el pa铆s. La promoci贸n, orientaci贸n y organizaci贸n de la violencia de las masas es un asunto que corresponde al Partido en su conjunto, desde las c茅lulas hasta la Direcci贸n. Esto plantea el surgimiento de tareas diversas para todos los organismos.
Poco a poco el despliegue y la agudizaci贸n de la lucha de clases conduce al momento en que aparecen o deben aparecer las primeras formas de la lucha armada, aunque todav铆a no aparece el ej茅rcito. Son por lo general formas de esta lucha que surgen en defensa de la lucha de masas en otros terrenos: por ejemplo en las condiciones de nuestro pa铆s, bajo la dictadura militar en trance de fascistizaci贸n, lleg贸 un momento en que los trabajadores no pod铆an seguir adelante con sus luchas reivindicativas si no las defend铆an de la embestida de la represi贸n cada vez m谩s sangrienta; se plante贸 entonces la necesidad, comprendida por las masas, de la organizaci贸n de formas nuevas de la lucha, de formas armadas de la lucha. El Partido deb铆a responder a esta necesidad organizando estas formas nuevas, armadas, de manera que las masas pudieran realizar su auto-defensa. Nosotros lo hicimos, aunque bastante m谩s tarde que otras organizaciones.
Para cumplir esta tarea el Partido se apoy贸 ante todo en sus c茅lulas: 驴qui茅n si no este organismo vivo que est谩 organizado en el coraz贸n de las masas, dentro de las f谩bricas, en los barrios y colonias de las ciudades, en los caser铆os, en las haciendas, en las plantaciones; qui茅n si no la c茅lula es quien puede en el Partido cumplir esta tarea de organizar y conducir la auto-defensa de las masas? No necesita para ello convertirse la c茅lula en una unidad militar, pero s铆 deb铆a perfilarse como una unidad organizadora y conductora de la lucha pol铆tico-militar. Aprendiendo de la experiencia internacional, orientamos a nuestras c茅lulas a organizar alrededor suyo grupos secretos, eso que nosotros llamamos los GAR (Grupos de Acci贸n Revolucionaria), compuestos por los mejores elementos que se van destacando de las masas, los m谩s resueltos, los m谩s combativos, los m谩s honestos, aunque aun no est茅n maduros para ingresar a las filas de nuestro Partido.
Los GAR no son unidades militares propiamente tales; han sido y son un primer escal贸n en la construcci贸n de la fuerza armada del Partido. Realizan tareas pol铆ticas y tareas militares, sin separarse de las organizaciones de masas a la que pertenecen. Examinemos el surgimiento de las tareas de los GAR, pongamos como ejemplo, en los sindicatos. La c茅lula del Partido trabaja por el fortalecimiento del sindicato, promueve sus luchas-las huelgas digamos-difunde las orientaciones que el Partido entrega a las masas, como tambi茅n trabaja en la organizaci贸n de la autodefensa, desde las formas m谩s elementales de la autodefensa ocasional: cada vez que hay una huelga se organizan piquetes, cada vez que hay una manifestaci贸n se organiza una guardia para proteger la seguridad de las masas en la marcha o grupos de vigilancia para proteger las asambleas o las reuniones de la Directiva del sindicato, etc.; todas estas son manifestaciones de la autodefensa ocasional que, dicho sea de paso, se practican en todos los pa铆ses donde los sindicatos son instrumentos de la lucha de clase; pero al irse desarrollando la lucha, pronto queda en evidencia que no basta con la autodefensa ocasional, ya que el enemigo da una respuesta cada vez m谩s contundente, persigue, atropella, asesina, utiliza la tortura, el crimen pol铆tico, los 鈥渄esaparecimientos鈥, etc. Entonces se vuelve necesario formar 贸rganos m谩s especializados y con car谩cter permanente que dominen mejor los m茅todos de la autodefensa y que est茅n vinculados a las masas. Pasamos as铆 a un escal贸n nuevo que es la autodefensa permanente: los GAR son esto. Desde el punto de vista de sus tareas armadas son una forma org谩nica de la autodefensa permanente, deben adiestrarse para cumplir esta misi贸n, pero el GAR no deja de ser un organismo pol铆tico de las masas mismas, un organismo organizador en el que se apoya la c茅lula del Partido para fortalecer al sindicato, cohesionar sus filas y su pensamiento pol铆tico, para organizar cada vez mejor sus luchas. Al mismo tiempo, los GAR son centros de formaci贸n pol铆tica revolucionaria de sus miembros, son un conducto para la difusi贸n de la l铆nea del Partido y una fuente de reclutamiento de nuevos militantes suyos. La c茅lula organiza en su derredor cuantos GAR pueda dirigir y debe por consiguiente aprender a dirigirlos pol铆tica y militarmente, para lo cual debe recibir el adiestramiento en el nivel necesario. La c茅lula aprende as铆 a dominar los conocimientos militares y a dirigir pol铆tica y militarmente, sin desnaturalizarse. El desarrollo de los acontecimientos conduce a la necesidad de ascender escalones superiores: surgen unidades guerrilleras que se dedican permanentemente al combate a las cuales es necesario darles una retaguardia, es decir un lugar en que puedan reagruparse, alimentarse, descansar, adiestrarse, curarse, prepararse, etc. y esa retaguardia (1) no puede existir si no es protegida por las masas, ni las guerrillas se pueden formar si no reciben el apoyo de las masas. Jam谩s tendr谩n suficientes combatientes si las masas no se los dan, no habr谩 reposici贸n de los que caen si las masas no los aportan; las masas tienen que estar concientes, convencidos de esta necesidad y estrechamente vinculadas a esta tarea. Esta es una obra que le corresponde realizar al Partido vincul谩ndose estrechamente y profundamente con ellas.
Esta tarea de organizar los organismos militares m谩s desarrollados en el siguiente escal贸n no clausura el anterior escal贸n de la organizaci贸n amplia de la auto-defensa, tanto de la auto-defensa ocasional como de la auto-defensa permanente; al contrario, de ah铆 es de donde surge la posibilidad de crear un ej茅rcito verdaderamente vinculado con las masas, que surge del coraz贸n de las masas, que incorpora a las masas y que mantiene la vinculaci贸n con las masas, un ej茅rcito formado por combatientes seleccionados que han venido prob谩ndose en las tareas simples. Hay que decir por 煤ltimo, en relaci贸n con los GAR, que el desarrollo de la guerra les imprime un car谩cter cada vez m谩s ofensivo y un nivel t茅cnico-militar m谩s alto; de modo que los GAR de hoy de hecho realizan tareas combativas similares a las de las guerrillas; son guerrillas secretas cuyos miembros combaten y trabajan, combaten y estudian, no se dedican pues a tiempo completo al combate y no necesitan territorios e infraestructuras urbanas complejas de retaguardia.
Corno es sabido, nuestro Partido se incorpor贸 a la lucha armada cuando esta se encontraba en el umbral del despliegue de la guerra propiamente tal y cuando otras organizaciones revolucionarias hab铆an avanzado considerablemente en la construcci贸n de sus fuerzas armadas. A causa de ello tuvimos que andar a pasos largos y no siempre nos fue posible formar a nuestros combatientes siguiendo, uno a uno, los escalones que se han descrito. Una parte considerable de los combatientes, jefes y especialistas de las Fuerzas Armadas de Liberaci贸n, FAL, (brazo armado del Partido), sali贸 directamente de las filas partidarias y de la Juventud Comunista, otra parte proviene de los GAR u otras modalidades de la organizaci贸n miliciana (nombre m谩s apropiado que autodefensa en el actual momento del desarrollo de la guerra), la cual nos esforzamos en construir en el campo y las ciudades.
Es oportuno decir que esta organizaci贸n de autodefensa, debe armarse sola; no es que el Partido le entregue a cada uno de los miembros de estos grupos de autodefensa un arma, eso ser铆a imposible; adem谩s ser铆a una lecci贸n inadecuada. Si nosotros queremos mantener fresca la posibilidad de que las masas asuman la lucha armada en gran escala, no puede hacerse depender esta posibilidad de la esperanza de que el Partido o alguna otra fuente arme a las grandes masas; el principio fundamental y clave a este respecto es el de que 鈥渓a auto-defensa (o la milicia) se arma sola鈥 y el Partido ense帽a a las masas a armarse solas, es decir, a transformar en arma pr谩cticamente todo lo que est谩 a su alrededor, a usar los conocimientos t茅cnicos de los trabajadores y de las capas medias en todo lo que puede ponerse al servicio de armarse y de arrebatarle al enemigo sus armas. Esta orientaci贸n desata una gran iniciativa creadora, orienta a estos primeros n煤cleos pol铆tico-militares de la auto-defensa (o la milicia), en la direcci贸n pol铆tica y militar correcta para su desarrollo.
La c茅lula del Partido es su eslab贸n m谩s directo con las masas. Puede verse con claridad que no se trata de que la c茅lula se transforme en unidad del ej茅rcito, ya que dejar铆a de cumplir las tareas partidarias vitales, sino de conducirlas a cumplir su papel de vanguardia en la nueva situaci贸n, en el nuevo nivel de desarrollo de la lucha de clases. Puede ver con toda claridad, pues, que no hay contradicci贸n entre la lucha de masas y la lucha armada, entre la lucha pol铆tica y la guerra; todo lo contrario, no puede oponerse una a la otra. En el momento en que se oponga una a la otra, bajo distintas formas, ya sea bajo la concepci贸n del 鈥渇oco guerrillero鈥 o, al rev茅s, alegando que las c茅lulas del Partido no pueden ni deben asumir tareas pol铆tico-militares porque 鈥渟e militarizan鈥 o que 煤nicamente debe asumir estas tareas una parte y no todo el Partido; toda vez que se cometa este error, por v铆a izquierdista o por v铆a reformista, de derecha, entonces estaremos en presencia de la posibilidad de que surjan tendencias aventureras en el Partido, o de que los cuadros y organismos a los que se haya entregado la misi贸n de organizar esta nueva forma de lucha, entren en conflicto con el resto del Partido con el riesgo del fraccionamiento; cosa que ha ocurrido en Am茅rica Latina varias veces.
Tenemos que puntualizar que en estas experiencias se ha tenido en cuenta no 煤nicamente la experiencia de nuestro Partido sino tambi茅n la experiencia de otras organizaciones hermanas del FMLN; y que en muchos aspectos nosotros hemos aprendido de ellos. Estas experiencias claro est谩, no son comunes a todas las organizaciones hermanas, entre las que no hab铆a por cierto, una concepci贸n absolutamente un谩nime, pero de una u otra manera, en unas m谩s y en otras menos, esta es la experiencia que se ha vivido.
IV. Acerca de la combinaci贸n de la lucha armada de las masas y el ejercito revolucionario: el ejercito surge de las masas , es una organizaci贸n de masas y mantiene estrechos y s贸lidos v铆nculos con ellas.
En lo que se refiere a como se combina la lucha armada de las masas con el Ej茅rcito Revolucionario una vez que este existe ya, debemos decir que son varias las formas: la autodefensa y las milicias, que es una organizaci贸n de masas, no se clausura, no se suprime cuando surge el ej茅rcito revolucionario; al contrario, debe hacerse m谩s amplia, continuar ensanch谩ndose, porque de ello depende el crecimiento, la selectividad y eficacia del ej茅rcito: Cuanto m谩s grande es la organizaci贸n miliciana mejor combate el ej茅rcito, crece y se desarrolla m谩s r谩pidamente y mejor.
Esta ser铆a, digamos, la primera forma de incorporaci贸n de las masas a la lucha armada. La segunda forma de incorporaci贸n es el ej茅rcito mismo; nosotros creemos que el Ej茅rcito Revolucionario hay que verlo como una organizaci贸n de masas, no solo hay que ver su aspecto militar, sino tambi茅n el hecho de que all铆 se re煤ne un destacamento avanzado, consciente, de las masas y cuanto m谩s grande es el ej茅rcito m谩s adquiere ese car谩cter de una organizaci贸n de masas, sin referirnos al hecho m谩s profundo de que el ej茅rcito ha surgido de las masas y que sigue teniendo v铆nculos estrechos y s贸lidos con ellas. El ej茅rcito realiza no solo tareas militares, aunque la cuota de las tareas militares en esta organizaci贸n de masas que se llama el Ej茅rcito Revolucionario es su trabajo y su funci贸n principal. A tal grado crecen las tareas militares combativas que se volvi贸 imposible que sus integrantes continuaran empleados en la producci贸n o en las oficinas o su estudio en las aulas universitarias o secundarias; ellos ahora forman parte de unidades que tienen una existencia permanente y que viven bajo una disciplina militar permanente, que tienen su retaguardia y dentro de ella sus propios campamentos militares o que en la ciudad, en las unidades de combate urbano que son m谩s peque帽as, tienen tambi茅n una existencia permanente como unidades militares, una infraestructura de retaguardia y sus miembros est谩n permanentemente sujetos a estas actividades, a la disciplina y a las formas organizativas correspondientes. Pero todo esto no quiere decir que desaparezcan las tareas pol铆ticas para el ej茅rcito y sus componentes. El ej茅rcito es una organizaci贸n de masas que realiza tambi茅n tareas pol铆ticas: atiende la formaci贸n pol铆tica de sus propios miembros, realiza con una orientaci贸n pol铆tica y tras objetivos pol铆ticos sus relaciones con la poblaci贸n, tanto con las masas dentro de la retaguardia, como con las que habitan en otras zonas en las ciudades o en el campo, en el curso de sus desplazamientos o de los combates; el ej茅rcito realiza hacia las masas tareas de agitaci贸n y propaganda, tareas organizativas y, m谩s todav铆a, el ej茅rcito tambi茅n cumple aunque en menor escala, tareas de producci贸n, con todo lo cual se vincula con las masas.
El Ej茅rcito Revolucionario no podr铆a desarrollar su misi贸n, no podr铆a ni siquiera existir, si no se crean y desarrollan variados v铆nculos con las masas: las masas se incorporan a la guerra ayudando a su ej茅rcito con la producci贸n de alimentos para su subsistencia; aunque el ej茅rcito realiza sus propias actividades productivas, el volumen principal de la producci贸n corre a largo de las masas no participantes en sus filas.
Las redes de informaci贸n son tanto m谩s s贸lidas cuanto m谩s encubiertas est茅n y son tanto m谩s encubiertas cuanto m谩s est茅n integradas por las masas mismas, por aquellos que viven desde hace mucho tiempo en esos lugares, que trabajan all铆 y que pueden defender por tanto su legalidad frente al enemigo. As铆 se pueden crear redes muy ramificadas que llegan hasta la puerta de los cuarteles enemigos y nos permiten conocer cada uno. de sus movimientos, descubrir sus intenciones operativas.
Las masas ayudan a su ej茅rcito y participan activamente en la guerra cumpliendo tareas log铆sticas diversas: transportaci贸n de medios de guerra, adquisici贸n y transportaci贸n de otros materiales necesarios, alojamiento temporal de combatientes y cuadros, etc. Estas tareas de informaci贸n y log铆stica son tareas combativas de las masas no incluidas en las filas del ej茅rcito; pero ellas participan tambi茅n en otras tareas de combate m谩s directas, sus armas elementales van desde un simple instrumento de trabajo hasta trampas y bombas fabricadas por ellas mismas, a lo cual les ense帽an las milicias. Las milicias participan en los combates, en las batallas complejas del Ej茅rcito Revolucionario contra el enemigo, reciben misiones que van inscritas dentro del plan que elabora la jefatura militar para una acci贸n o para toda una campa帽a y las milicias entregan tambi茅n misiones combativas a las masas fuera de sus filas; por ejemplo: un hombre solo, sin armasen el sentido t茅cnico de la palabra, con un instrumento de trabajo como digamos un pico, puede cumplir una tarea combativa, si se le convence de ello, puede durante la profundidad de la noche en el lugar indicado y conveniente, abrir una zanja en la carretera que nos va a servir como parte de la preparaci贸n ingeniera para una acci贸n contra el enemigo en una emboscada, y que nos va a servir como un obst谩culo o una trampa para entretener a las fuerzas enemigas que se desplazaran por ese lugar, lo cual dar谩 oportunidad de realizar un ataque m谩s eficaz a las unidades milicianas o del ej茅rcito. esto nos lleva a otro aspecto de este mismo asunto de la incorporaci贸n de las masas en guerra: cuando hablamos de las careas combativas de las masas, no queremos decir que deban participar juntas muchas personas, ni siquiera es necesario en algunos casos que participen simult谩neamente ; el ejemplo del hombre con un pico podr铆a multiplicarse; ni帽os, j贸venes, adultos de uno u otro sexo, individualmente o en peque帽os grupos, participan en tareas de informaci贸n, desinformando a las tropas enemigas o influyendo convenientemente a su familiar que pertenece a esas tropas, etc. Estos ejemplos son expresi贸n de la actividad que las masas en combate, sublevadas, realizan y desarrollan crecientemente con creatividad.
V. Acerca de la ley de construcci贸n y desarrollo de ejercito revolucionario en el curso de la guerra y la construcci贸n de su retaguardia en las condiciones de El Salvador.
En el curso mismo de la guerra y en dependencia de la modalidad operativa aplicada en el combate, el ej茅rcito revolucionario desarrolla v铆nculos indisolubles con las masas de manera muy concreta, que para la propia existencia del ej茅rcito son fundamentales. Desde el punto de vista de nuestra experiencia, resulta particularmente importante referirnos a los aspectos de fondo en cuanto a las etapas de la guerra, modalidades operativas y a las relaciones entre el ej茅rcito y las masas. El ejemplo de como hemos actuado frente a los operativos de limpieza del enemigo, que han venido cambiando en el curso de la guerra, podr谩 ilustrar acerca de las etapas de desarrollo de nuestro ej茅rcito y el papel de las masas en ese desarrollo a trav茅s de la construcci贸n de su retaguardia.
En cuanto a la modalidad operativa que nosotros adoptamos ante los operativos de limpieza que el enemigo nos lanzaba inicialmente, han estado determinados por dos aspectos estrat茅gicos: el primero de ellos tiene que ver con el hecho de si debemos o no aplicar una t谩ctica operativa de la guerra de posiciones, si debemos defender a toda costa una posici贸n en una etapa de la guerra en la cual el enemigo tiene superioridad sobre las fuerzas revolucionarias.
La respuesta es la misma en todas partes: no debemos hacer guerra de posiciones en tal situaci贸n y nosotros no la hemos hecho. La defensa de nuestras bases de apoyo o de nuestros frentes, se ha realizado en una l铆nea operativa distinta. Cuando se intent贸 en alg煤n caso seguir una l铆nea operativa de defender posiciones se recibieron algunos reveses; pronto se aprendi贸. Los grandes cercos enemigos no se derrotaron manteniendo posiciones fijas, sino rompi茅ndolos, sali茅ndose de nuestro campamento, que destruyera nuestra infraestructura, sacando junto con nuestras fuerzas a la poblaci贸n que nos apoya, etc. Este 煤ltimo aspecto es una experiencia nuestra poco conocida, que est谩 determinada por las caracter铆sticas de nuestro pa铆s, por las fuertes vinculaciones de nuestras fuerzas armadas con la poblaci贸n, que son vinculaciones incluso familiares; por la densidad de poblaci贸n del pa铆s, por las condiciones geogr谩ficas, etc.; por todo eso hemos tenido que romper los cercos evacuando al mismo tiempo a gran cantidad de poblaci贸n; nuestros combatientes han tenido que maniobrar contra los cercos del enemigo y conducir al mismo tiempo a veces hasta m谩s de diez mil personas entre adultos, ancianos, ni帽os, con todas sus humildes pertenencias, incluyendo perros y otros animales dom茅sticos. Entonces lo que se ha venido aplicando ha sido una l铆nea t谩ctica muy m贸vil que desgasta el enemigo y que no le permite quedarse en nuestra base porque si se va quedando en todas partes en donde lanza operativos, su tropa de operaciones la va convirtiendo en tropa de guarnici贸n y con ello debilita su capacidad en las operaciones en los frentes de batalla. Al respecto, hay una ley general de toda guerra: la guerra la gana quien derrota las tropas de operaciones del enemigo, no a todo el ej茅rcito, sino a sus tropas de operaciones. Si el enemigo dejara tropas en todas partes, mientras nosotros nos vamos hacia otros puntos, entonces tales tropas van quedando fijadas en diferentes posiciones y muy dispersas, lo cual l贸gicamente no les favorece. De ah铆 porqu茅 el enemigo no ha procedido de esa manera; 驴qu茅 es lo que ha hecho?. En una primera etapa despu茅s de que nosotros romp铆amos el cerco, lo elud铆amos, nos traslad谩bamos a otro punto, le d谩bamos la vuelta, le aplic谩bamos acciones de hostigamiento, lo embosc谩bamos, etc.; entonces el enemigo trasladaba a los periodistas al lugar de los hechos a que constataran como hab铆an 鈥渄estruido鈥 nuestros campamentos, lo que supuestamente nos recuperaban en armas, municiones y otros pertrechos de guerra y de esa manera constru铆an la leyenda del supuesto triunfo obtenido sobre nuestras fuerzas; uno o dos d铆as despu茅s iniciaba la retirada. Lleg贸 a tal grado el dominio de parte nuestra de esta forma de operar del enemigo que ya a mediados de 1981 se daba el caso de que los combatientes no esperaban que el enemigo terminara de retirarse de las posiciones 鈥渢omadas鈥, sino que simult谩neamente, mientras el enemigo bajaba, retornaban a la base por otras rutas perfectamente conocidas solo por nosotros. Es decir que inmediatamente que el enemigo terminaba de retirarse, volv铆amos a tomar posesi贸n no solo del terreno, sino que retorn谩bamos de nuevo con la poblaci贸n, se reconstru铆a todo, etc. No aplic谩bamos, entonces, una guerra de posiciones, no ten铆amos porqu茅 aplicarla y no deb铆amos hacerlo.
El otro aspecto de la t谩ctica operativa ha estado relacionado con el problema de la defensa, consolidaci贸n y desarrollo de las Bases de Apoyo de la Revoluci贸n; es decir con la defensa, consolidaci贸n y desarrollo de la Retaguardia de la Guerra Popular Revolucionaria. Bien sabido es que en toda guerra la retaguardia est谩 a la cabeza de los factores permanentes que deciden la victoria, de ah铆 el car谩cter estrat茅gico de la construcci贸n, defensa, consolidaci贸n y desarrollo de ella. La t谩ctica operativa aplicada por nuestras fuerzas al enfrentarse a las invasiones del enemigo en nuestras zonas de control, ha ido cambiando seg煤n como se han ido desarrollando nuestras fuerzas y conforme a la respuesta a la necesidad estrat茅gica de preservar a nuestra retaguardia. Por cierto tiempo estuvo predominando la siguiente modalidad operativa: el enemigo al dar inicio al cerco sobre uno de nuestros frentes empezaba concentrando fuerzas con todo el respaldo log铆stico en puntos aleda帽os o cercanos a nuestra base; luego de la preparaci贸n del fuego y distribuci贸n de las fuerzas, daba paso a la etapa del ablandamiento con fuego de artiller铆a y de la aviaci贸n y hasta entonces iniciaba el avance de la infanter铆a. Nosotros que ya contamos con fuerzas m谩s grandes, m谩s desarrolladas, con m谩s capacidad de combate, podemos dejar una parte de las fuerzas en el campamento mientras otra parte de ellas se desplaza a atacar al enemigo cuando est谩 empezando a establecer su posiciones, y entonces lo colocamos a la defensiva desde el inicio del operativo. Por eso es que las ofensivas enemigas las hemos podido convertir en contraofensivas nuestras; es decir que seg煤n es el grado de desarrollo de nuestras fuerzas, de su volumen de fuego, de su capacidad operativa, etc., se van desarrollando tambi茅n las modalidades operativas que cada vez son m谩s eficaces.
Pero 驴porqu茅 defendemos con un m茅todo operativo o con otro las Bases de Apoyo de la Revoluci贸n?. Las defendemos porque son nuestra retaguardia y en el caso de nuestra experiencia, estos problemas tenemos que resolverlos en el curso mismo de la guerra popular. Al problema de la retaguardia est谩 unido indisolublemente el problema de construir el Ej茅rcito Revolucionario. Una de las leyes de toda Guerra Popular Revolucionaria es la de que el Ej茅rcito Revolucionario solo se puede construir en el transcurso del desarrollo de la guerra revolucionaria; esta no es una ley de todas las guerras en general. Los ej茅rcitos en las guerras entre Estados responden a otra ley; se forman fuera de la guerra y tiene asegurada desde el punto de partida la retaguardia; la retaguardia es el territorio de su pa铆s, su econom铆a, su poblaci贸n, etc. El Ej茅rcito Revolucionario en cambio, tiene que formarse, construirse en el curso de la guerra revolucionaria por etapas que expresan en forma concreta esa ley. Comienzan con peque帽as unidades de combate, que por lo general est谩n integradas casi totalmente por combatientes que todav铆a est谩n incorporados a la producci贸n, al estudio, etc., entonces su retaguardia es el lugar de trabajo, de empleo, de estudio. etc.; combaten y trabajan, combaten y estudian. Estas no son todav铆a fuerzas militares, est谩n en un estadio de desarrollo que podr铆amos llamarlo paramilitar, pero la din谩mica de la guerra impone pasar a otra etapa, ya que el mismo enemigo empuja ano quedarse en ese nivel. Entonces llega el momento en el que es necesario contar con unidades de combate integradas con combatientes dedicados a tiempo completo a las tareas militares. Desde el momento en que eso ocurre, como ya se mencion贸, habr谩 que asegurarle a la unidad militar: comida, un lugar donde descansar, la salud de los combatientes, informaci贸n permanente sobre el estado de la guerra y otro tipo de servicios de apoyo; entonces queda planteada la necesidad estrat茅gica de construcci贸n de la retaguardia.
Algunos movimientos revolucionarios que han tenido que librar una guerra revolucionaria lo han hecho en un contexto internacional en el cual han podido construir su retaguardia en un pa铆s vecino con un gobierno progresista o revolucionario, tal como ha ocurrido con cierta frecuencia en 脕frica. En Centroam茅rica se tuvo el caso de Costa Rica que, por lo menos en la fase final de la lucha, desempe帽贸 el papel de retaguardia de la Revoluci贸n Popular Sandinista. En el caso nuestro, la situaci贸n se parece m谩s bien a otras guerras; nosotros hemos tenido que construir nuestra retaguardia dentro de nuestro peque帽o pa铆s; sin retaguardia no es posible avanzar en los siguientes pasos de la construcci贸n del ej茅rcito revolucionario. La respuesta al problema de la construcci贸n de las Bases de Apoyo de la Revoluci贸n, tiene que ser una respuesta popular-militar integral.
驴Qu茅 es una Base de Apoyo de la Revoluci贸n? Es un territorio que re煤ne ciertas caracter铆sticas topogr谩ficas que son 煤tiles para el combate, aunque no sea esto lo decisivo; en donde se concentra parte de la poblaci贸n ganada para la revoluci贸n y en cuyo seno, en el interior de ese territorio se instalan campamentos con sus servicios indispensables para los combatientes; en donde se incorpora a la poblaci贸n a las tareas de apoyo al desarrollo de la guerra revolucionaria; en donde, en parte, la poblaci贸n nutre al ej茅rcito de combatientes para su crecimiento. Desde el punto de vista militar entonces, las Bases de Apoyo de la Revoluci贸n constituyen la retaguardia de la Guerra Popular revolucionaria.
Ahora bien, r una primera etapa del desarrollo de la guerra popular, nuestras unidades de combate no pueden retirarse mucho de la base de apoyo, porque despu茅s de su per铆metro, en cuanto mas retirado, m谩s fuerte es el dominio del enemigo en la zona; entonces nuestras unidades se ven obligadas a combatir en territorios muy cercanos a la base o incluso dentro de la base misma. Las unidades de combate tienen un cord贸n invisible que las ata a ese territorio; por ello no es casual que en lenguaje com煤n de la guerra revolucionaria se le llama a esos territorios, no bases de apoyo ni retaguardia, sino frentes. En realidad, desde el punto de vista militar, retaguardia es una cosa y frente es otra; el frente es donde se combate, donde est谩 el teatro de combates, y la retaguardia es el lugar donde la tropa descansa, donde tiene sus cuarteles, etc. En el per铆odo inicial de la guerra, por las razones ya expuestas, el frente se confunde con la retaguardia, est谩 all铆 mismo donde est谩 la retaguardia y all铆 llega el enemigo a imponerle el combate a nuestras tropas y estas no pueden salir a buscarlo lejos, porque al retirarse de su base de apoyo no tienen comida, no tienen informaci贸n, el territorio est谩 dominado por unidades del enemigo que lo conocen mejor y que las pueden entrampar y aniquilar. Resulta entonces que, en el espacio y en el tiempo, coincide por alg煤n per铆odo m谩s o menos largo, el frente con la retaguardia; por eso es que nosotros le hemos llamado a los frentes el Frente Sur, el Frente Suroriental, el Frente Moraz谩n.
A estas alturas es inapropiado mantener esa caracterizaci贸n, en el tiempo y el espacio, por el desarrollo de la guerra, ambos aspectos est谩n claramente diferenciados. El desarrollo del ej茅rcito se expresa en el hecho de que sus operativos se realizan lejos del per铆metro de la retaguardia. Por ejemplo, las fuerzas de Jucuar谩n, Moraz谩n, Chalatenango, se han desplazado con frecuencia a combatir por varios d铆as a distancia de m谩s de 50 Kms. del per铆metro de sus respectivas bases de apoyo, las unidades de combate se dislocan o desplazan a combatir hasta los frentes, distantes de las bases. la construcci贸n de esas bases de apoyo, su ampliaci贸n y su multiplicaci贸n en el territorio nacional crea las condiciones para pasar a formar grandes unidades, ya no puramente guerrilleras, que pueden realizar una guerra m贸vil; ese ej茅rcito se puede mover de un punto a otro, ir a combatir lejos porque en todas partes donde llega hay comida, hay informaci贸n, hay abastecimiento de todo tipo, hay sangre nueva de recambio, hay combatientes etc., y es entonces que se puede pasar a una etapa superior de desarrollo del ej茅rcito, a la fase de la guerra en movimiento. En algunos lugares m谩s que en otros, empiezan a predominar las modalidades de la guerra de movimiento, que es ya una fase estrat茅gica decisiva de la Guerra Popular Revolucionaria.
VI. Acerca de la organizaci贸n partidaria en su fuerza armada: 鈥淓l Partido dirige total y absolutamente a su Fuerza armada.鈥
Por cierto que todo lo anteriormente mencionado, plantea otro tipo de tareas y de necesidades organizativas al Partido: los combatientes ,de las FAL no son todos miembros del PCS, la mayor铆a no lo son y queremos que esta relaci贸n se acreciente; pero en cada pelot贸n hay una c茅lula del Partido que orienta, recluta y contribuye a asegurar la direcci贸n de este sobre su fuerza armada. Hemos organizado tambi茅n Comit茅s intermedios de Direcci贸n del Partido a nivel de campamento y de las unidades mayores, supeditados a los Comit茅s. Regionales, a la Comisi贸n Pol铆tica y al Comit茅 Central. Ha surgido as铆 una nueva rama del PCS: la organizaci贸n partidaria en su fuerza armada.
Ahora bien, lo anterior no quiere decir que por ejemplo, la c茅lula del Partido es la que dirige al jefe militar en cada nivel de la estructura del ej茅rcito. Eso no puede ser puesto que en el ej茅rcito hay una disciplina distinta a la del Partido, en el ej茅rcito hay Mando 脷nico, individual y una disciplina vertical que no se puede romper sin afectar la naturaleza misma del ej茅rcito y su eficacia; pero no entra en contradicci贸n una cosa con la otra. El Partido dirige a la fuerza armada tambi茅n en los escalones de las jefaturas militares y crea estructuras de relaci贸n entre la Direcci贸n del Partido a todo nivel, con los correspondientes niveles de la jerarqu铆a militar, los jefes son militantes del Partido. El Partido elabora la concepci贸n pol铆tico-militar de la guerra concreta que libra, elabora las ideas militares estrat茅gicas, la orientaci贸n t谩ctica fundamental para su ej茅rcito, incluso aprueba en sus l铆neas generales los planes de las campa帽as y de las acciones de guerra m谩s importantes; los Comit茅s Regionales hacen lo mismo en su nivel. Una vez que estas decisiones salen de la esfera del Partido y entran en la esfera del ej茅rcito, su ejecuci贸n no puede ser detenida por nadie, en el marco de la verticalidad y el mando 煤nico. La c茅lula del Partido en el pelot贸n, cuando se re煤ne no est谩 sujeta a la disciplina militar, sino a la partidaria; durante sus reuniones puede criticarse incluso a los jefes, que tambi茅n forman parte de las c茅lulas, aunque desde luego no deben convertirse en obst谩culos para el ejercicio del mando militar, en clubs de discusiones que atrofien el car谩cter combativo del ej茅rcito. Las c茅lulas en las FAL se esmeran por mejorar, elevar la calidad pol铆tica y militar de sus unidades militares respectivas.
Durante los 煤ltimos meses han comenzado a realizarse, por decisi贸n de la Comisi贸n Pol铆tica, asambleas de combatientes en las que participan todos, miembros y no miembros del Partido y los jefes militares respectivos. Estas asambleas no tienen periodicidad fija, se convocan cada vez que se considera necesario, especialmente para hacer el balance de acciones combativas importantes y en ellas est谩 permitido expresar opiniones cr铆ticas.
En la estructura de las FAL existen tambi茅n los Comisarios Pol铆ticos a nivel de todas las unidades, de la m谩s peque帽a hasta la m谩s grande. Los Comisarios pertenecen a la estructura militar y no a la del Partido; los Comisarios son miembros del Partido. El Comisario Pol铆tico se apoya en la actividad de la c茅lula, las c茅lulas se apoyan en la actividad de los comisarios y todos ellos aplican la l铆nea y las orientaciones que traza el Partido. Los jefes militares de la FAL son miembros del Partido y por lo general miembros de sus organismos dirigentes al nivel correspondiente.
As铆 se aplica en nuestras condiciones el principio de que 鈥渆l Partido dirige directa, total y absolutamente a su fuerza armada.鈥
VII. Acerca del aspecto estrat茅gico m谩s fundamental de la Guerra Popular revolucionaria; la combinaci贸n de la lucha armada y la lucha pol铆tica o formas no armadas que se coordinan en el proceso 煤nico de la lucha por la revoluci贸n.
Hemos hablado de la incorporaci贸n de las masas a la lucha armada, pero las masas apoyan esta lucha no solo incorpor谩ndose directamente a ella, sino tambi茅n participando en las formas de lucha no armada que pueden promoverse aprovechando todas las posibilidades. La estrategia de la guerra popular revolucionaria, ,si se le quiere reducir al aspecto estrat茅gico m谩s fundamental, es la combinaci贸n de la lucha armada y de la lucha pol铆tica entendiendo por esta todas las formas no armadas que se coordinan con el proceso 煤nico de la lucha por la revoluci贸n aunque su matiz pol铆tico no se haga evidente. Los grados de esta combinaci贸n cambian seg煤n las condiciones concretas en qu茅 se desarrolla la guerra en cada una de las 谩reas del pa铆s: hay zonas en donde el enemigo ejerce un fuerte control y all铆 la lucha no armada de las masas, sin matiz pol铆tico hasta la lucha pol铆tica propiamente tal, deben impulsarse prioritariamente, mientras la lucha armada tiene una cuota menor a cargo de unidades secretas de combate urbano; la organizaci贸n del Partido debe ser muy clandestina y no hacer evidente su vinculaci贸n con las organizaciones de masas. Los errores en cada uno de estos aspectos nos han costado la vida de valiosos cuadros, insustituibles a corto plazo. En las zonas donde dominamos nosotros, las masas participan de un modo m谩s abierto, se incorporan a la creaci贸n y desarrollo de los 贸rganos emergentes de Poder Popular; una vez destruido el viejo poder en esas 谩reas, aunque sean peque帽as, surgen tareas que nosotros tenemos que asumir con las masas: tiene
que guardarse el orden p煤blico (la delincuencia tiende a crecer cuando hay vac铆o d poder) tiene que atenderse la educaci贸n y la cultura de las masas ( campa帽a alfabetizadora fundamentalmente, promoci贸n del arte popular y divulgaci贸n cultural) se tiene que atender la salud p煤blica, debe organizarse y asegurarse la producci贸n agropecuaria, de vestuario, etc. y lo que es decisivo y principal, debe asegurarse la defensa de la zona, tarea en la cual toman parte las masas mismas. Pero hay otras zonas que podr铆amos llamar intermedias, son las 谩reas en disputa entre el enemigo y nosotros. All铆 tambi茅n la lucha de masas adquiere diversas modalidades que guardan rigurosamente la legalidad frente al enemigo incluso aparent谩ndole lealtad si ello fuera necesario, mientras existe clandestinamente la organizaci贸n revolucionaria secreta de las masas, es decir las redes de informaci贸n, los apoyos log铆sticos e incluso, en muchos casos, las guerrillas secretas (forma especial de las milicias). Como puede verse, la lucha, de masas se hace mucho m谩s compleja; pudiera creerse que la guerra ahoga la lucha de masas; y hay quienes piensan de que en la lucha de nuestro partido ha desaparecido la lucha de masas, absorbida por la lucha militar. Esto no es cierto; lo que s铆 ha ocurrido es que hicieron crisis viejas formas, viejos m茅todos de la lucha de masas y debieron sustituirse por nuevos, en el curso de un proceso muy dif铆cil y riesgoso, esta mutaci贸n aun no puede considerarse realizada, ni mucho menos y enfrentamos en ello no pocas dificultades.
Hay que enfatizar que este problema de la ca铆da vertical del nivel de una forma de la lucha de masas se vivi贸 no en todo el pa铆s, sino sobre todo en la capital y en otras ciudades importantes donde hab铆a un movimiento de masas intenso hasta 1980, pero est谩 en marcha con 茅xito su reorganizaci贸n; hay un proceso de adaptaci贸n y el movimiento de masas ha empezado a desarrollarse de nuevo. A tal grado han llegado las cosas, que el Partido ARENA, que es el partido de la gran burgues铆a que encabeza DAbuisson y que tiene toda la configuraci贸n de un partido fascista, ideol贸gica y organizativamente, se ha visto en la necesidad de intentar la formaci贸n de sus propias organizaciones de masas, despu茅s de llegar a la conclusi贸n de que es imposible suprimirlas. ARENA intenta sin 茅xito hasta hoy, crear su propia central de sindicatos, una organizaci贸n juvenil y otra de mujeres. Nuestra posici贸n frente a este trabajo organizativo de los fascistas es obstruir su progreso; penetrar las organizaciones o movimientos de masas que logren ellos crear, porque las masas son las masas siempre, su esp铆ritu clasista se mantiene en el fondo y la lucha por impedir que caigan bajo el control ideol贸gico y pol铆tico de la burgues铆a, bajo cualquier manifestaci贸n pol铆tico-ideol贸gica de la burgues铆a, entre ellas el fascismo, es un deber irrenunciable de los comunistas.
Si fuera cierto que la lucha de masas desapareci贸 en El Salvador, 驴c贸mo se puede explicar que en un pa铆s de 20.000 Kms. cuadrados, con 5 millones y medio de habitantes, donde hay pues 275 habitantes por Km. cuadrado, donde hay varios miles de poblaciones y caser铆os, donde no hay monta帽as despobladas ni selvas, exista esa tremenda Guerra Popular Revolucionaria? 驴que all铆 mismo tengamos nosotros amplias zonas de control aproxim谩ndonos a que se conviertan en zonas1 liberadas; una retaguardia s贸lida, ya bastante segura en el norte y en el sur, en el centro y el oriente y, aunque menos desarrolladas, algunas bases en el occidente? Su existencia y desarrollo ser铆a imposible sin el concurso de las masas, sin que nuestra guerra sea la guerra de las masas, la 鈥済uerra popular revolucionaria鈥, que no es una lucha en nombre de las masa en representaci贸n del pueblo, sino una lucha del pueblo mismo para alcanzar su victoria contra la dictadura, liberarse y abrir paso a la democracia y al progreso social.
VIII. Acerca de la dial茅ctica entre Guerra Popular Revolucionaria e Insurrecci贸n General Armada como v铆a optima de la revoluci贸n.
En relaci贸n con este problema de la relaci贸n entre la lucha armada y la lucha pol铆tica, ha surgido la preocupaci贸n acerca de la relaci贸n entre Guerra Popular Revolucionaria e Insurrecci贸n General Armada, y de si adoptar la Guerra Popular Revolucionaria significa abandonar la Insurrecci贸n General Armada como la v铆a m谩s probable de la revoluci贸n.
Primero que todo hay que se帽alar que, en general, el movimiento comunista, particularmente el movimiento comunista latinoamericano, ha sido insurreccionalista; casi todos los partidos que hemos definido la v铆a armada como v铆a de la revoluci贸n, hemos identificado esa orientaci贸n, expresa o t谩citamente, con la insurrecci贸n armada general. En esto, a nuestro juicio, act煤a la influencia por lo menos de dos factores: uno es el ejemplo imperecedero de la Gran Revoluci贸n de Octubre; aunque claro est谩 que aquella fue una insurrecci贸n realizada en determinadas condiciones hist贸ricas concretas y, seg煤n lo demuestra la experiencia internacional desde entonces, la insurrecci贸n de aquel tipo no tiene el car谩cter de una ley objetiva de validez universal. Junto con este, creemos tambi茅n juega otro factor: hemos venido apreciando la insurrecci贸n -de modo expreso o t谩cito- como una puerta abierta a la participaci贸n de la clase obrera como tal, como clase, mientras que supuestamente la guerra no lo es, o no lo es tanto, teniendo en cuenta que el teatro de su desarrollo est谩 prioritariamente en el campo y la clase obrera industrial se concentra en las ciudades. La mayor铆a de los partidos comunistas latinoamericanos, hemos adolecido de considerable debilidad entre las masas del campo, lo que acent煤a nuestras reservas al respecto de la guerra popular revolucionaria. Situado desde la 贸ptica de nuestras preocupaciones similares del pasado, nos hemos extendido bastante explicando como nosotros vemos y realizamos hoy la incorporaci贸n de las masas a la guerra, incluidas desde luego las masas obreras.
A este respecto conviene tener en cuenta dos cuestiones importantes: Primera: el hecho de que el teatro de la guerra sea principalmente el campo, no significa que ello excluye o minimiza la participaci贸n de la clase obrera, como tampoco de otras clases o capas urbanas. La experiencia de nuestra guerra popular es otra: en los frentes hay no pocos obreros, estudiantes, maestros, oficinistas, t茅cnicos y profesionales en general. La proporci贸n de los obreros en los frentes esta determinada por el grado de influencia d las organizaciones revolucionarias en la clase obrera y, por otra parte, los obreros revolucionarios son por lo general cuadros m谩s desarrollados que los que proceden de las filas campesinas y pueden ejercer una influencia muy grande, aunque no sean a mayor铆a en las unidades militares. Asegurar esa calidad es asunto del Partido y de toda la organizaci贸n revolucionaria comprometida con el socialismo. esta sin duda es una expresi贸n concreta de la alianza obrero-campesina y forma parte de los esfuerzos por convertir al proletariado en la clase dirigente de la revoluci贸n.
Segunda: La mayor铆a de los pa铆ses no capitalistas dependientes de Am茅rica Latina, son pa铆ses agrarios con una industria d茅bilmente desarrollada. En la agricultura hay importantes ramas donde dominan las relaciones capitalistas de producci贸n (cultivos de exportaci贸n, ganader铆a en muchos casos, etc.) y donde existe un desarrollo no despreciable de los instrumentos de trabajo, de la t茅cnica y de las fuerzas productivas en general. En este sector capitalista de la agricultura hay un proletariado muy numeroso y, junto a 茅l, una gran masa de campesinos pobres semi-proletarios que forman la mayor铆a de los trabajadores de temporada (siembras, cosechas, etc.). En nuestro pa铆s el proletariado y los campesinos semi-proletarios son la inmensa mayor铆a de la poblaci贸n rural y ellos forman tambi茅n la mayor铆a de los integrantes de las fuerzas armadas de las cinco organizaciones miembros del FMLN, incluida desde luego las FAL del PCS.
Esta es una realidad a la que no puede darse la espalda; en este pa铆s se desarrolla nuestra revoluci贸n y el papel dirigente del proletariado no puede afianzarse s贸lo por los obreros de la industria, sino tambi茅n, y sin falta, con la participaci贸n de las masas asalariadas del campo. Nuestro deber est谩 en cultivar la conciencia revolucionaria de clase de este proletariado nuestro, tal como 茅l es, y ser铆a un error que mir谩ramos todo esto a partir de un enfoque v谩lido en pa铆ses de mayor desarrollo capitalista.
Los comunistas no debemos perder de vista las posibilidades de desatar la insurrecci贸n y siempre que las condiciones objetivas se den, nuestro deber es organizar y encabezarla. pero a煤n en el caso de la revoluci贸n de Octubre el ajuste de cuentas al problema del poder no concluy贸 con el triunfo de la insurrecci贸n, vinieron casi inmediatamente tres a帽os de disputa de la contrarrevoluci贸n por restaurar el viejo poder, por derribar el poder que estaba en manos del proletariado y su partido, y esos tres a帽os de guerra civil en Rusia fueron a nuestro juicio parte integrante del proceso de la lucha por el poder y la defensa del poder, que son dos caras de la misma moneda.
Hay casos como el de Nicaragua en el que en el curso del desarrollo de la guerra popular revolucionaria surgieron, y maduraron las condiciones para la insurrecci贸n y se combin贸 la guerra con la insurrecci贸n de manera 贸ptima. No se puede pensar en el triunfo de la Revoluci贸n Popular Sandinista si no se tienen en cuenta las insurrecciones de Managua, Le贸n, Masaya, y de varias otras ciudades. Tampoco se puede pensar en el triunfo de la Revoluci贸n Sandinista si no se tiene en cuenta la guerra de los a帽os anteriores y la guerra en el Frente Sur durante los meses finales de la dictadura. Sin el Frente Sur las tropas 茅lite de la guardia somocista se hubieran volcado sobre las ciudades y quiz谩 hubieran podido aplastar la insurrecci贸n.
Entre guerra e insurrecci贸n hay mucha diferencia, pero en modo alguno insurrecci贸n y guerra est谩n contrapuestas; el error del insurreccionalismo consiste en que absolutiza la insurrecci贸n y eso puede conducir al retraso de la revoluci贸n. Como es tambi茅n un error absolutizar como v铆a la guerra y excluir por principio la insurrecci贸n, como se sostuvo por alg煤n tiempo por una parte de los revolucionarios latinoamericanos. La Revoluci贸n Popular Sandinista es la superaci贸n practica de esa larga discusi贸n te贸rica entre insurreccionalismo y guerra popular, pero tampoco su lecci贸n consiste en deducir la tesis de que 鈥渓a guerra no puede alcanzar la victoria sin combinarse con la insurrecci贸n general.鈥
Este problema debe resolverse en concreto en cada caso, tomando rigurosamente en cuenta las condiciones en que una guerra popular determinada se desarrolla, sin prejuicios ni dogmas de ninguna clase.
Hay en efecto, casos en que la guerra se desarrolla y llega a la victoria sin que pueda combinarse con la insurrecci贸n. Nosotros apuntar铆amos como ejemplo la Revoluci贸n Cubana, en donde la guerra triunf贸 sin que hubiera una insurrecci贸n armada; lo que hubo en Cuba, al final, fue una huelga de apoyo al llamamiento de Fidel desde la Sierra Maestra, para no permitir que se consolidara el llamado 鈥済obierno provisional鈥 que intent贸 organizar en las horas siguientes a la huida de Batista, encabezado por un coronel y que pretend铆a frustrar la victoria de la revoluci贸n; vino la huelga general y junto con ella la marcha triunfal del Ej茅rcito Rebelde. Muy dif铆cilmente pod铆a haberse desatado en aquel momento una insurrecci贸n armada en La Habana y otras ciudades importantes; hay que recordar que apenas en noviembre del a帽o 58 se hab铆an realizado, bajo Batista, unas elecciones generales con una alta concurrencia; las masas no pod铆an pasar de esto r谩pidamente, en poco m谩s de un mes, a la insurrecci贸n armada; pasaron s铆 a la huelga pol铆tica general -hecho sin duda sorprendente-, bajo el entusiasmo fomentado por los golpes que el Ej茅rcito Rebelde propin贸, de una manera desmoronante, sobre el ej茅rcito batistiano. Apenas ocho meses atr谩s, en abril de 1958, cuando todav铆a no se perfilaba la victoria militar revolucionaria, hab铆a fracasado la convocatoria a una huelga general. Esos son episodios en la historia de la revoluci贸n latinoamericana altamente significativos que permiten ahondar en la dial茅ctica de guerra popular e insurrecci贸n.
La estrategia 贸ptima de la revoluci贸n, cuando se desarrolla ya la guerra popular, es la combinaci贸n de la guerra con la insurrecci贸n, y en tal caso, la insurrecci贸n tiene distintas manifestaciones: las simples sublevaciones en que no intervienen las armas, las airadas manifestaciones que acosan a los cabecillas del enemigo en una peque帽a poblaci贸n, por ejemplo, las insurrecciones locales o parciales y la insurrecci贸n armada general Todas esas manifestaciones de la insurrecci贸n pueden y deben combinarse con la guerra, siempre, cuando y donde sea posible.
Nosotros ciertamente ten铆amos una concepci贸n insurreccionalista unilateral, todav铆a en una de las Tesis del VII Congreso 鈥攓ue es el Congreso del viraje鈥 al dise帽ar la concepci贸n del Partido sobre la v铆a de la revoluci贸n, se habla de la insurrecci贸n y se minimizan las posibilidades de la guerra popular. La experiencia nuestra, a tres a帽os y medio de realizado el Congreso, nos dice que debemos modificar esa tesis: ya no se trata. de una simple especulaci贸n te贸rica, se trata de que han transcurrido tres a帽os en los que el Partido ha estado participando en la guerra y durante los cuales el FMLN ha intentado sin 茅xito desatar la insurrecci贸n en por lo menos dos oportunidades: el 10 de enero de 1981, junto con la ofensiva militar, el FMLN llam贸 a la huelga general pol铆tica y a la insurrecci贸n armada general, pero no pudo realizarse. En marzo de 1982 tambi茅n intentamos promover la insurrecci贸n de los barrios perif茅ricos de San Salvador, frente a las elecciones a que convoc贸 la Junta Militar-democristiana, sin tampoco lograrlo. Para promover la insurrecci贸n llevamos all铆, desde el cerro del Guazapa, columnas guerrilleras conjuntas de varias organizaciones, entre las cuales se inclu铆a un destacamento de las FAL.
Es que la insurrecci贸n tiene sus propias leyes, la primera de ellas la de que solo puede desatarse en una situaci贸n revolucionaria madura, cuando la actividad de las masas es muy alta y solo puede realizarse con 茅xito la insurrecci贸n si se apoya en el movimiento ascensional de las masas, particularmente de los trabajadores y en la actividad intensa, multiplicada, de la vanguardia. Estas son las ense帽anzas de Lenin.
En El Salvador hay una situaci贸n revolucionaria, pero este aspecto suyo, el movimiento ascensional de las masas, entr贸 en mengua, aunque ahora, como ya se dijo, comienza a reponerse. Hubo un momento en el que desde el punto de vista de la plena madurez de las condiciones objetivas, hubiera podido realizarse la insurrecci贸n. Esto ocurri贸 en los primeros meses de 1980, que fue cuando se produjeron las grandes manifestaciones de masas, los puntos pico del movimiento huelgu铆stico de la clase obrera y los trabajadores del Estado en la capital y las principales ciudades, que se combinaba con el punto pico del movimiento del proletariado agropecuario por reivindicaciones econ贸mico-sociales y pol铆ticas, las tomas de tierra por las masas campesinas, sin contar otros movimientos de masas como el de los pobladores de tugurios, que ocupaban predios para levantar sus viviendas o resist铆an los desalojos. Todav铆a en junio de 1980 pudimos realizar una huelga general exitosa, pro ya la ola de masas decrec铆a bajo los golpes sanguinarios de la represi贸n: se suced铆a una matanza tras otra. pero entonces fall贸 el factor subjetivo: la unidad de las fuerzas revolucionarias se hab铆a comenzado a lograr solo en diciembre de 1979 y abarcaba 煤nicamente a tres de las cinco organizaciones que hoy forman el FMLN. Las l铆neas de estas tres organizaciones no eran todav铆a coincidentes en cuestiones fundamentales, como esta de la insurrecci贸n. As铆 pues, la vanguardia no ten铆a las posibilidades de promover y dirigir la insurrecci贸n, pas贸 el momento sin que lo hici茅ramos.
驴Qu茅 papel tendr谩 la insurrecci贸n en nuestra victoria? Nosotros no dejamos de imprimir una perspectiva insurreccional a nuestro trabajo de masas, tenemos bien abiertos los ojos ante la posibilidad de que surjan condiciones para combinar la insurrecci贸n general con la guerra y aprovecharemos toda posibilidad favorable; creemos que tal posibilidad puede surgir como consecuencia de grandes victorias militares que debilitar谩n mortalmente al enemigo y elevar谩n el entusiasmo combativo de las masas en la ciudad. Por lo dem谩s las masas que est谩n incorporadas a la guerra en los frentes y en las zonas en disputa, est谩n ya insurreccionadas contra la dictadura fascista, se juegan la vida en esta lucha. Hoy el FMLN tiene m谩s capacidad y experiencia para organizar la insurrecci贸n en las ciudades y conducirlas, pero lo que no puede cambiarse es el hecho de que la Guerra Popular Revolucionaria es ya la v铆a de la revoluci贸n en El Salvador, lo que hab铆a que modificar es la tesis del Partido a este respecto.
Por otra parte, est谩 claro para nosotros que la guerra popular revolucionaria, que combina la lucha armada con la lucha pol铆tica y la lucha diplom谩tica, alcanzar谩 la victoria; incluso si no surgiera la posibilidad de desatar la insurrecci贸n general; la victoria de demorar铆a, pero ser铆a alcanzada.
Toda la lucha por la revoluci贸n, vista de conjunto en su funci贸n hist贸rica, es un proceso ofensivo en continuo ascenso, y la esencia de este proceso es el desarrollo de la violencia revolucionaria. La violencia revolucionaria ofensiva es el contenido de todos los pasos hacia la revoluci贸n, desde las primeras reuniones peque帽as para fundar la vanguardia y las primeras organizaciones de masas bajo la conducci贸n de esta, -aunque formalmente esas reuniones son muy pac铆ficas-, hasta las grandes acciones para tomar el poder por las fuerzas revolucionarias, porque su objetivo es, en fin de cuentas, derribar el poder de los explotadores y el dominio del imperialismo y abrir paso al socialismo. Este proceso de lucha por la revoluci贸n es expresi贸n de la lucha de clases y avanza con el despliegue y la agudizaci贸n de la lucha de clases. La violencia revolucionaria se acrecienta en respuesta a la violencia reaccionaria y llega el momento en que la violencia, que ha estado en el fondo desde el principio emerge como tal, como violencia de las masas y sobrepasa el lindero hacia la violencia armada. 驴Qu茅 hacer en ese momento? 驴detener el ascenso de la lucha de clases a un nivel superior, negarse a organizar la violencia armada, en espera de que madure la situaci贸n revolucionaria para realizar la insurrecci贸n armada o avanzar paso a paso por el camino de la lucha armada, de la organizaci贸n de la Fuerza Armada del Partido y llevar consecuentemente la conducci贸n de este proceso, incluso sabiendo que desembocar谩 en el despliegue de la Guerra Popular Revolucionaria y disponi茅ndonos a combinar con ella la insurrecci贸n, en dependencia de las condiciones concretas?
Nosotros estamos a favor de esta 煤ltima respuesta; estamos convencidos que la primera, la de esperar a que sea posible la insurrecci贸n, aplaza indefinidamente la lucha por la toma del poder por v铆a revolucionaria, desgasta la autoridad del Partido, lo desnaturaliza, corroe su vanguardialidad y lo empuja en el reformismo.
Por otra parte, es profundamente equivocada la idea de que mientras no llega la posibilidad de la insurrecci贸n nos preparemos para ella, formando nuestra fuerza armada; como ya lo dijimos, es ley objetiva inviolable que la fuerza armada revolucionaria s贸lo puede construirse en el curso de la Guerra Popular Revolucionaria. Esta es una de las leyes espec铆ficas de esta clase de guerra, a diferencia de los ej茅rcitos de los estado. que se forman durante la paz.-
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