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Reseña histórica de la izquierda en El Salvador

Fecha de publicación: 6 octubre, 2006

Por parte de los comunistas tampoco se profundizó acerca del papel del PCS en la conspiración, si el partido participó como organización o si solo participaron algunos comunistas en lo individual. Cuales fueron las condiciones de participación del PCS o de los comunistas individuales al lado de los otros sectores, cual fue su responsabilidad en su fracaso; que papel jugó en la huelga de Mayo, detalladamente.
José Pedro Angel

ANTECEDENTES SOCIOHISTORICOS

CAPITULO III

El aparecimiento de organizaciones con características de tipo popular de acuerdo a los datos históricos se ubican en el año de 1914 con el surgimiento de la Confederación de Obreros de El Salvador (C.O.S.), que participó en política apoyando la candidatura del Presidente Carlos Meléndez, a cuya gestión se debe que el movimiento obrero del país adquiriera importancia, especialmente por su participación en política.

En 1917, el doctor Alfonso Quiñónez Molina, organizó la Liga Roja, formada en su mayoría por trabajadores del campo. De acuerdo a Thomas Anderson “se trataba de una organización laboral, cuyos propósitos eran fundamentalmente políticos, no obstante que por su nombre parecía ser un organismo vinculado al Partido Bolchevique, de hecho era un instrumento para manipular a las clases populares en función de la vieja camarilla en el poder”; 1 y, paralelamente como lo señala Barón Ferrufino, en 1918, comenzó a funcionar una célula comunista.2

Entre las primeras expresiones de las organizaciones populares se encuentran entre otras, las que Roque Dalton destaca en su libro, en cuyas páginas se encuentra el testimonio de Miguel Mármol uno de los principales miembros del Partido Comunista de El Salvador (PCS). Mármol dice que la huelga general de zapateros realizada en la Semana Santa de 1921 no fue un fenómeno aislado, sino que: “…había sido precedida por la huelga de trabajadores ferrocarrileros en 1919 y otra de sastres de 1920. Las huelgas parciales habían abundado hasta entonces y siguieron produciéndose en cuanto se origina la mayor violencia de la represión”.3 Estos sucesos ocurrieron durante los gobiernos de los Meléndez.

Mármol señala además que: “… otro problema que hacía subir el nivel explosivo del furor popular era el de las expropiaciones que los terratenientes hacían en el campo contra campesinos pobres y medios…”, 4 según Mármol, esta situación hizo que en el área rural los campesinos comenzaran a buscar sus propias soluciones y contra el régimen mismo.

Pero la movilización de las masas en esa época no se limitaron únicamente a la participación de obreros, artesanos y campesinos, también aparecen los primeros movimientos magisteriales. Este sector que tradicionalmente ha sido importante basaba sus protestas por el atraso de lo sueldos que los mantenía en condiciones críticas, abriendo con ello una franca actitud de lucha reivindicativa con contenido político y lidereado por los profesores Francisco Morán y Rubén H. Dimas.

Hay que indicar que en 1921, una medida económica dictada por el gobierno de Jorge Meléndez unificó al pequeño comercio de las ciudades colocándolo en oposición frente a la banca conservadora: La puesta en circulación de la moneda fraccionaria conforme a la división decimal eliminó el uso de cuartillos, medios y reales. El movimiento de protesta, iba en contra de una costumbre y causaba problemas en el intercambio comercial repercutiendo en las relaciones del crédito bancario del pequeño comercio. La banca vio amenazados sus intereses usuarios, “movió sus peones para inflar la protesta y como el pueblo rechazaba al gobierno, muy pronto la actividad se transformó en un organizado movimiento nacional de manifestaciones…”5 se organizaron motines en Santa Ana, Santa Tecla, Sonsonate y luego marchas desde diferentes ciudades del interior hacia la ciudad de San Salvador.

Mármol también señala que se pueden encontrar por esos años manifestaciones de mujeres. “…el 28 de Febrero de 1921 las fuerzas del gobierno ametrallaron la manifestación de mujeres de los mercados de San Salvador… Pero las mujeres, lejos de amilanarse, luego de recoger a sus muertas y heridas se armaron de piedras, palos, cuchillos y contra-atacaron llegando a tomarse el cuartelito de policía del barrio El Calvario, que era el más próximo a los mercados y ejecutaron a varios de los esbirros que habían tomado parte en la masacre…”6 Coincidentemente o no, ese día había finalizado la huelga general de zapateros, su lucha reclamando mejores salarios y frenando los despidos y malos tratos había triunfado y con ello las reivindicaciones del artesanado.

Mario Lungo sostiene respecto a la relación de estos movimientos de masas con organizaciones políticas revolucionarias, que estas no podían existir al no haber surgido aquellas. Esto –agrega- constituye, uno de los tantos desmentidos que la historia de nuestro país a las simplistas versiones de las clases dominantes que ven en cualquier lucha de masas manos extremistas y terroristas extranjeras, en una incomprensión total de la capacidad política de los sectores populares”.7 Sin embargo, este tipo de luchas históricamente no son espontáneas, ya que las masas dejan de ser amorfas hasta que existe una dirigencia que oriente sus acciones.

Barón Ferrufino en este sentido, al descubrir las actividades del Partido Comunista, afirma que existen documentos que “informan detallada y circunstanciadamente sobre aquellas. Dicho proceso lo sintetiza así: El judío-Letón Guraski, el hebrero-checo Federico Glafbauf y el hebrero-ruso Kavanov quien ….se deslizaba por América Latina como Agente de la Internacional Roja de Sindicatos, …. Todos ellos, juntamente con el dirigente comunista- judío Esteban pavletich, fundaron en 1918 –un año después del triunfo de la revolución rusa- la primera célula comunista propiamente dicha en el país, ya con categoría de seccional…”8 Por lo tanto, es de inferir que los miembros de esta célula, desplegaron actividades clandestinas, tanto de organización como en movilización.

El autor citado afirma que las acciones del 28 de Febrero de 1921 –citadas por Mármol- fueron promovidas por “las células comunistas –ya perfectamente organizadas- y que fue el comunismo. El que preparó la marcha de mujeres contra las acciones del gobierno con el pretexto de defender los derechos de los oprimidos…”9

Antes de seguir adelante es preciso señalar que durante la década de los 20, emergieron en Centro América organizaciones laborales más auténticas. No obstante, como no existía un sector industrial desarrollado de donde obtener apoyo, sus miembros urbanos eran reclutados entre los artesanos. A medida que el tiempo transcurría, se fueron dando cuenta que no podrían subsistir si no incluían a los campesinos. Hacia el año de 1922 se dieron las primeras acciones para fundar una organización obrera unificada que cubriera a los países centroamericanos, hasta que, en 1926 se funda la Confederación Obrera Centroamericana (COCA).

En El Salvador, las primeras centrales obreras surgieron en 1923 y 1924 se organizó la Federación Regional de Trabajadores Salvadoreños, FRTS. Esta se adscribió a la COCA que tenía su sede general en la ciudad de Guatemala. “La dirección de la FRTS estaba en manos de los “comunistas” y a partir de Marzo de 1930 pasó a estar en manos de dos Comunistas”.

Aunque el nombre de COCA era impresionante, la realidad fue triste. Sus miembros no eran muchos lo que la hacía organizativamente débil e incapaz de propulsar un movimiento laborar fuerte. Sin embargo, se expresaba en representación de los trabajadores centroamericanos, y externamente no se ponía en duda esa calidad. “Muchos de los miembros de la COCA eran socialistas internacionales, y no pocos eran comunistas”, al principio la COCA tenía ideas moderadas. Pero con el tiempo se radicalizó, hay que destacar que desempeño un rol importante en la insurrección de 1932.

Después de aparecer la Federación Panamericana de Trabajadores como un intento norteamericano para desviar el movimiento obrero latinoamericano de sus tendencias socialistas, la COCA manifestó concretamente su carácter izquierdista. En mayo de 1929, la FRTS y otras organizaciones sindicales centroamericanas asistieron con sus delegados a la Fundación de la Confederación Sindical Latinoamericana, en Montevideo, Uruguay. A partir de ese momento la importancia del movimiento regional centroamericano decayó, y prácticamente sus actividades se estancaron, al ser absorbidas sus funciones por la recién creada confederación. Al ser absorbidas sus funciones por la recién creada confederación. Las dos organizaciones contaban con militantes socialistas-marxistas y entre ellos habían comunistas de la línea soviética.

Las ideas de la izquierda no solo se difundieron por medio de la Confederación Sindical. En 1927 se fundó en Guatemala la Liga Anti-imperialista adoptando una clara y marcada tendencia comunista, especialmente en su rama salvadoreña que había obtenido mayor fuerza, con rapidez. Esta liga se especializó en actividades anti-norteamericanas, especialmente por el deterioro de las relaciones entre los Estados Unidos y los países del sur. Unas de las causas habían sido las intervenciones norteamericanas en Nicaragua, Haití y República Dominicana que rechazaron muchos latinoamericanos y la liga, no solo por tener el apoyo de los comunistas, sino por otros motivos que poco tenían que ver con la ideología marxista, pudo hábilmente propiciar oleadas de entusiasmo.

Además de estas organizaciones, surge en El Salvador, el Partido Comunista, en el año de 1925, que desarrollaba actividades clandestinas. Lógicamente la tarea de concientización había comenzado años atrás ya que un partido de este tipo no podía surgir de la nada siendo sus organizadores de Guatemala y México. El partido incrementó sus actividades en 1930, cuando apareció el agitador mexicano Jorge Fernández Anaya. Este era un experimento comunista que tenía en su haber la organización de la “Unión de Trabajadores Agrícolas Aztecas” de México. Con un reducido número de activistas, Fernández Anaya recorrió el territorio salvadoreño durante 1930, proyectando sus actividades hacia los trabajadores rurales especialmente en la zona occidental. Con rasgos indígenas y hablando en lengua Náhuatl, logró infiltrarse y confundirse con la población campesina. El Doctor David A Luna asegura que Fernández Anaya y sus colaboradores organizaron en el corto período de tres meses a ocho mil trabajadores, “lo cual de ser cierto, dice Anderson- sería una milagrosa conversión de masas como no la hubo desde Pentecostés”9. El 1 de Mayo de 1930, los comunistas organizaron una manifestación de 80,000 personas por las calles de San Salvador. En marzo de ese año se había anunciado de manera oficial la fundación del Partido Comunista-Salvadoreño.

Hasta 1929, las organizaciones comunistas en el país habían sido dirigidas por el comité del partido guatemalteco, pero ese año creó el Secretariado del Caribe, y su cuartel general se estableció en Nueva York. Después de la fundación del PCS, los dirigentes salvadoreños comenzaron a recibir instrucciones desde Nueva York. En lo que se refiere a la organización interna del PCS, en 1930 estructuró en San Salvador, el Comité Nacional y la Dirección Departamental, los organismos de base eran comités locales de ocho, doce, quince y hasta veinte personas, pero podían crecer sin límites y que si bien estaban sometidos a la Dirección Departamental y a la Dirección Nacional, tenían un gran radio de acción autónoma sobre todo en su organización interna y el trabajo en su localidad.

A partir de la fundación del PCS, el movimiento revolucionario salvadoreño se fortaleció multiplicándose en todas los frentes precedentes, una gran claridad de miras y objetivos y un elevado espíritu combativo. Como dice Mármol: “la lucha por la libertad de los presos, el reclamo proveniente de las fuerzas solidarias del mundo, eran nuevos medios para elevar la conciencia de nuestro pueblo y hacen que nuestra batalla diaria trascendiera hasta el conocimiento del movimiento obrero internacional y formara parte de la reconstrucción mundial”.10

De acuerdo a la investigación de Anderson, probablemente el grupo más radical en El Salvador, no era el PCS, sino su estrecho aliado el Socorro Rojo Internacional que estaba mejor financiado. Esta agrupación de ayuda roja tenía una de las secciones más importantes en el país, en gran parte debido a las actividades e ingenio de su dirigente Agustín Farabundo Martí, para quien un buen comunista se suponía que debía pertenecer tanto al SRI como a la Liga Anti-imperialista. Sin embargo, fue el PCS el que llevó al campo a los peones y colonos a la concepción de la revolución democrático-burguesa, con las amenazas de huelga o con la realización efectiva de esas huelgas. Los frutos de esa forma de lucha en cuanto a acercar a las masas a la línea programática general no hicieran esperar en el terreno de la obtención de las reivindicaciones laborales, lo que aumentaba la confianza de la gente en los métodos de lucha que el PCS proponía.

Al SRI se le denominaba frecuentemente la “Cruz Roja del Comunismo” pero sus funciones se extendían más allá de las simples atenciones de emergencia y el trabajo hospitalario. La intención de mantenerse por encima de sus miembros posiblemente no eran comunistas. Sin embargo, los vínculos entre el PCS y el SRI eran estrechos y Martí, el director del SRI, era de hecho el dirigente no oficial de los comunistas salvadoreños, que más tarde llegó a ocupar la secretaría general del PCS en forma interina.

A pesar que la colaboración material del SRI era importante, se hizo énfasis en la propaganda especialmente en la que podía presionar al gobierno obligándolo a liberar a los presos políticos. Martí era un maestro en ese tipo de guerra política.

Para desarrollar su tarea el SRI recaudaba algunas cuotas, pero además recibía fondos de Nueva York. Un documento requizado por el gobierno, con fecha 14 de Octubre de 1930, que fue enviado por el cuartel general en Nueva York, llamado el Secretariado del Caribe del Socorro Rojo Internacional, solicitaba información respecto de los gastos de organización, difusión de la propaganda, y la ayuda ofrecida a los reos. Como el documento concluye preguntándose cuanto desearía recibir la seccional salvadoreña al mes, se podría inferir que se disponía de fondos. Además de su estrecha relación con el PCS el SRI mantenía vinculación estrecha con la Liga Anti-imperialista y con frecuencia las protestas que comenzaba el SRI eran asumidas también por la Liga.

Otra liga organizada por el SRI, fue la “Liga de Luchadores Perseguidos”. Su surgimiento se debió a recomendaciones que en el Sexto Congreso de la FRTS se adoptaron y se implementó por medio del SRI como un nuevo brazo de lucha proletaria.

No cabe duda que la creciente importancia de un grupo marxista internacional en El Salvador, ocasionó problemas al crecimiento de la FRTS. Hacia 1930 esta organización agrupada a unos 1,500 miembros, que en su mayoría eran zapateros, carpinteros y panaderos de los departamentos de San Salvador, Santa Ana y La Libertad. Los primeros dirigentes de la Federación fueron atraídos por el anarco-sindicalismo y el reformismo más que por el comunismo, pero el PCS hizo esfuerzos para apoderarse del movimiento y orientarlo de forma más realista. En enero de 1930 ocurrió la ruptura definitiva entre los anarquistas y los comunistas, y estos últimos lograron el control de numerosos seccionales locales.

“Después de tomar en nuestras manos la dirección del movimiento obrero organizado, luchamos por su unidad y su fortalecimiento y solo cuando estuvieron dadas estas condiciones por lo menos en la medida mínima necesaria, fue que pasamos a insistir en nuestro programa revolucionario, cuya realización presuponía ineludiblemente la toma del poder político por parte del pueblo salvadoreño”.11

Para los comunistas fue claro que en un país tradicionalmente agrícola; es decir, con una población mayoritariamente rural, el socialismo solo podría triunfar por medio de la organización de los trabajadores del campo. Esto podría haber parecido una herejía en Moscú donde el partido bolcheviano había sido la vanguardia revolucionaria con bases fundamentalmente obreras en donde los campesinos constituían un apoyo social más, entre otros.

Los dirigentes salvadoreños cambiaron la tesis leninista y habían determinado que solo un movimiento de bases campesinas podía aspirar al apoyo de las masas, revirtiendo la tesis Leninista en que las masas constituían la fuerza política y el campesinado un apoyo social determinante en determinado momento.

En abril de 1930, durante el gobierno de don Pío Romero Bosque, la nueva dirigencia de la FRTS ahora en manos del PCS logró obtener 50,000 firmas de apoyo a la demanda de una ley laboral que les garantizara los contratos en las fincas y establecieran el salario mínimo a los trabajadores del campo. Como ya se señaló, el 1 de mayo de 1930, movilizaron acerca de 80,000 obreros y campesinos. Esta manifestación fue seguida de otras a las que acompañaban las protestas entre las cuales, la del 18 de Junio, exigió al régimen de Romero Bosque que abriera centros de desempleo en todas las ciudades, como medida, cuyos efectos habían ocurrido debido a la Gran Depresión Mundial.

Toda esta agitación movilización de las masas debe ser analizada al trasfondo de las consecuencias de la crisis mundial. Cuando las manifestaciones marchaban frente a Casa Presidencial, como informó el Diario de El Salvador del 1 de Julio de 1930, y vociferaban “queremos trabajo, no tenemos para vivir”, decían literalmente la verdad. El hambre, la desocupación y la desesperación habían sido endémicas para la inmensa mayoría de los campesinos y la población urbana pobre, desde antes de 1929. “La depresión los hizo traspasar la línea que separa la muda sumisión de la furia desesperada”.

Ha sido establecido que sin la drástica baja de los precios de café en el mercado internacional no se hubiera producido la prolongada crisis de 1930 a 1932 que prácticamente llevó a la insurrección. Pero la forma como los militantes marxistas hicieron frente a los efectos de la crisis es un indicativo de que habían desarrollado un intenso trabajo preparatorio. Ya se mencionó las actividades de Jorge Fernández Anaya, el dirigente marxista mexicano. Pero el no era un caso aislado, a ello contribuyeron Miguel Mármol, Farabundo Martí, Rafael Bondanza Alejandro Luna, Mario Zapata y otros convencidos marxistas y revolucionarios.

Estos salvadoreños cuyos sentimientos marxistas albergaba y que transmitieron a otros salvadoreños en la época de don Pío Romero Bosque, tenían su origen en cierto número de hombres, tanto salvadoreños como extranjeros, que habían trabajado incansablemente con esa finalidad durante varios años. Estos hombres que como dice Mármol recibían poca ayuda del movimiento marxista internacional, habían diseminado la ideología marxista entre los campesinos, obreros y artesanos de El Salvador.

Por lo general, como el caso de Jorge Fernández Anaya, trabajaban como obreros. Muchos fueron capturados, encarcelados y hasta torturados y asesinados por la policía y los terratenientes. Pero siempre quedaban algunos para continuar difundiendo el mensaje de la insurrección y la lucha de clases.

Estos precursores alcanzaron finalmente, su meta de convertir a los pobres en una fuerza militante, pero casi de inmediato esa fuerza fue vencida en 1932.

Entre los primeros militantes que abrieron el camino para la rebelión de 1932 se pueden mencionar a Esteban Pavletich, Juan Pablo Wainwright, Modesto Ramírez, Luis Felipe Recinos, Miguel Mármol, José Luis Barrientos y Agustín Farabundo Martí. En las diversas biografías como en la de Miguel Mármol y Martí se pueden apreciar algunos de los extraños senderos transitados por el radicalismo latinoamericanos, en contra de la ortodoxia marxista-leninista de los partidos comunistas.

Como producto de una fracasada agitación contra el gobierno del Perú, fueron expatriados en 1920 un grupo de estudiantes radicales. Entre ellos se encontraba un joven de ascendencia yugoeslava, con el nombre de Esteban Pavletich. A pesar de su exilio, Pavletich no perdió su ánimo, recorrió algunos países de América Latina y finalmente se logró establecer como estudiante en Guatemala, donde al menos en apariencia, no se diferenciaba mucho del reto de los estudiantes enviados por sus acomodadas familias a estudiar al extranjero.

Después aparecen en Cuba, donde se hizo amigo del dirigente radical Mella, que posteriormente fue asesinado en México. El propio Pavletich se dirigió a México, donde vivió durante tres años y fue allí donde conoció a Agustín Farabundo Martí y a otros dirigentes comunistas salvadoreños. Como Martí salió rumbo a Nicaragua, incorporándose a las fuerzas del dirigente patriota César Augusto Sandino, que luchaba contra la infantería de marina de los Estados Unidos, enviada a mantener el poder al gobierno conservador. En varias ocasiones Pavletich entró a El Salvador.

Pedro Geoffroy Rivas ha dicho que recuerda haber estado con Pavletich en una concentración en 1929, donde este último y Haya de la Torre explicaron a la FRTS los principios de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), una organización peruana radical que intentaba vencer a los comunistas con su propio juego, proponiendo un programa social dinámico, basado no solo en el socialismo internacional, sino también en una apelación a las lealtades indoamericanas. Alfonso Luna, que jugaría un papel trágico en 1932, asistió a la concentración.12

Pavletich era un agitador incesante e incansable y un organizador y propagandista metódico. No era comunista, sino que se parecía más en su carácter a los jóvenes nihilistas rusos que “se habían vuelto al pueblo” en la década de 1870. Jorge Schlesinger dice de el “educado y poseedor de grandes poderes intelectuales, además de una voluntad de hierro y un fanatismo extremo por su doctrina, era el más sobresaliente del grupo de agitadores”.13

La última vez que se le ve en El Salvador es en Julio de 1930. El 13 de ese mes apareció en los periódicos la noticia de que había sido descubierto viviendo en el campo con el nombre de Esteban Trujillo, después de haber sido expulsado de México por lo que los mismos periódicos llamaron “actividades comunistas”. Evidentemente regresó al Perú poco después, fue exiliado nuevamente, y regresó una vez más antes de ser expatriado permanentemente a Chile.14

Una personalidad igualmente pintoresca era la de Juan Pablo Wainwright, nacido en Santa Bárbara, Honduras; hijo de un padre inglés y madre hondureña. Al igual que Pavletich abandonó su hogar cuando joven, viajó por los Estados Unidos como vagabundo, de un lado a otro del inmenso país. Fue pescador en Alaska, lavador de platos en San Francisco. Allí lo acusaron de haber robado 30 dólares, y huyó a México pero fue deportado y juzgado. Se le encontró culpable, fue liberado condicionalmente y, con posterioridad, durante la primera guerra mundial, se alistó en el ejército canadiense. Evidentemente tuvo buena actuación en la guerra pues se le ascendió a sargento. Después de la guerra se hizo marino y viajó nuevamente, pero con el tiempo se casó y se estableció en Honduras.15

Sin embargo, su punto de vista era demasiado radical como para que pudiera vivir durante mucho tiempo en ese país. En la década de los 20 huyó a El Salvador. Después de un tiempo fue expulsado por sus actividades subversivas, pero estableció su residencia en Guatemala. Desde ese país, coordinaba planes para una gran rebelión centroamericana, trabajando con Agustín Farabundo Martí en El Salvador. Sin embargo, el Diario Latino informó el 15 de Enero de 1932 que Wainwright y un gran número de compañeros habían sido capturados el día anterior en Guatemala por el gobierno de Jorge Ubico. Puede ser que esta captura haya estado relacionada con la captura de Martí cuatro días después, y puede haber sido un factor importante en la decisión de los dirigentes salvadoreños de adelantar la rebelión.

Hombres como Wainwright y Pavletich eran agitadores internacionales, educados por los viajes y la experiencia. Otros cuatros dirigentes venían de un origen más humilde. Modesto Ramírez (que sobrevivió a la debacle de 1932 lo suficiente para ser entrevistado por el periodista guatemalteco Alfredo Schlesinger), era un campesino analfabeto de Soyapango. “Que había vivido como colono en las haciendas de diversos señores alrededor del Lago de Ilopango. Llegó el tiempo en que no se nos daba ni tierra ni trabajo, o si habían tierras eran de la peor calidad”. Si los hombres tenían la suerte de encontrar un trabajo, eran obligados a dar más de la mitad de su producción al patrón. Los que argumentaban eran expulsados “Tuve que abandonar a mi esposa y mis hijos. No tenía suficiente trabajo como para darles de comer, mucho menos para vestirlos y educarlos. No se donde se encuentran. La miseria nos ha separado para siempre…. Por eso me hice comunista”.16

Ramírez fue designado a un grupo de comunistas aglutinados alrededor de Miguel Mármol, un zapatero de oficio. Como miembro de la clase trabajadora, el militante radical Mármol era todavía más efectivo que Agustín Farabundo Martí al hablar con los miembros de su clase. En 1930, Ramírez hizo un viaje a Rusia con Mármol, pasando por Guatemala a Puerto Barrios, y embarcándose de allí a Hamburgo. “En ese lugar fuimos recibidos por un camarada inglés y que nos puso en un tren rumbo a Leningrado, donde nos reunimos con nuestros camaradas Antonio Sánchez Obando y Juan Luis Chiguichón de Guatemala y el delegado hondureño, Herán Anaya”, -le dijo a Schelesinger. Viajaron a Leningrado y Moscú, si es que se puede creer a Schlesinger, y se les permitió ver las maniobras del Ejército Rojo, “que defiende los derechos del proletariado contra los capitalistas y la burguesía”.17

Entre los salvadoreños más responsables de la creación de una conciencia proletaria entre los pobres estaban Luis Felipe Recinos y José Luis Barrientos, los cuales no eran comunistas. A los diecisiete años de edad, Luis Felipe Recinos fue expulsado de la Universidad y del país por sus ideas avanzadas. Se radicó en México donde había comenzado el movimiento reformista de Alvaro Obregón. Allí trabajó con el periódico obregonista “lucha”. Parece ser que la época en que Obregón fue asesinado, Recinos pasó a los Estados Unidos donde los viajes le hicieron concebir las posibilidades de un movimiento sindical organizado. Aunque siguió siendo atraído por las ideas marxistas, se convirtió más que en un radical en un reformador.18

Al regresar a Centro América volvió a ejercer el periodismo, y se destacó como uno de los más hábiles redactores trabajando para el Diario Latino. Era una de las figuras claves detrás de la FRTS y también detrás de la candidatura de Arturo Araujo para la presidencia en 1931. A pesar de que Araujo tuvo que repudiarlo durante la campaña, más tarde, durante el breve período del gobierno laborista, ocupó cargos gubernamentales, entre ellos, el de jefe de censura de prensa después de que había sido proclamado el Estado de Sitio. En Diciembre de 1931 huyó con Arturo Araujo.19

José Luis Barrientos fue un figura significativa en la historia del radicalismo salvadoreño. Estudió derecho en la Universidad de El Salvador al mismo tiempo que Recinos. Durante el régimen de Carranza en México, llegaron varios estudiantes mexicanos radicales a difundir las ideas de la Revolución Mexicana. Estas ideas impresionaron mucho a gente como Recinos, Barrientos y Agustín Farabundo Martí. Barrientos era un joven enérgico, tempestuoso, capaz de ser fiel y odiar con pasión. Su energía pronto lo llevó a ser el dirigente reconocido de los estudiantes radicales, y adquirió aureola de héroe entre la gente del pueblo. Fundó un periódico “La Ráfaga” a través de sus páginas desencadenó una furibunda guerra a los regímenes dictatoriales de los hermanos Meléndez. Poeta y periodista escribió poesías inflamatorias que fueron tan famosas como sus ataques, un tanto más prosaico, al gobierno.20

En 1920, estando en el poder Jorge Meléndez, llegó a San Salvador una delegación de estudiantes guatemaltecos exiliados con el propósito de hacer propaganda contra su increíble tirano Manuel Estrada Cabrera. Barrientos acuerpó su arribo a la Universidad de El Salvador organizando una concentración masiva en el Parque Bolívar. Como resultado, la policía intervino y arrestó a Barrientos y algunos de sus seguidores y amigos.21 Pocos días después, el presidente Meléndez ordenó que los jóvenes fueran llevados de sus celdas ante el. Conocía muy bien el nombre de Barrientos, donde se atacaba a su hermano Carlos que acababa de fallecer en un hospital de los Estados Unidos. Entre los otros estudiantes arrestados algunos pertenecían a las mejores familias del El Salvador: Salvador Escalón, Alonso Argueta, Ramón Giralt y otros. Por eso, el dictador planeaba hacerles una advertencia, y luego dejar a todos en libertad con excepción del altivo Barrientos. Después de una arenga, Meléndez les anunció su intención de liberarlos, pero confinando al dirigente del grupo a una isla del golfo de Fonseca como prisión.22

Uno de los estudiantes, pequeño, de complexión oscura, insignificante, que hasta entonces había pasado inadvertido, habló y dijo que si todos eran culpables de la misma ofensa (haber asistido a la concentración), todos deberían recibir el mismo castigo. Por supuesto que conocía el motivo del castigo ejemplar. El presidente encendido de ira. Lo había puesto en ridículo y tuvo que cambiar los planes. Ordenó que todos fuesen puestos en libertad, con excepción de Barrientos y aquel entrometido. A ellos se les debía desterrar.23

Aquel estudiante audaz era Agustín Farabundo Martí. Entre los estudiantes radicales tenía reputación de ser exactamente lo opuesto a Barrientos. Era de un temperamento frío, calculador, un trabajador sobrio y enérgico.24

Agustín Farabundo Martí fue educado en un colegio de los padres salesianos de la capital, donde se dice que no solo fue buen estudiante sino magnífico deportista. Se recibió de bachiller en 1913 o 1914. Ese último año ingresó a la Universidad Nacional pero de inmediato comenzó a tener problemas. Por esos días, la filosofía dominante era el positivismo de Comte, y Marti, cuya predilección era Hegel y Marx, entró en violentas discusiones con su profesor de filosofía, Dr. Victorino López Ayala. Después de varios encuentros en el aula, en uno de los cuales descendieron hasta abusos personales, Martí retó a su profesor a un duelo. La oportuna intervención de amigos evitó esta confrontación, pero el hecho ilustra la seriedad con que el joven estudiante defendía sus convicciones o aceptar sus compromisos en la vida universitaria. Martí estaba en camino de llegar a ser el fanático cuyo impulso y determinación iban a convertirlo en el terror de sus enemigos.25

Siempre se sintió más a gusto discutiendo sobre Marx o haciendo el juego político, de manera que nunca terminó sus estudios. Sin embargo, aprovechó todos los exilios para asistir a clases durante la década de los 20.

El exilio, a pesar de las penurias económicas, eran en muchos aspectos la mejor cosa que le podía suceder a un izquierdista salvadoreño por aquellos días. Significaba la oportunidad de viajar y aprender nuevas ideas, conocer a nuevos camaradas, reflexionar sobre las posiciones adoptadas. Barrientos el dirigente estudiantil se fue a Guatemala, y allí sus puntos de vista pronto le ganaron, entre los estudiantes de la universidad el sobrenombre de “el bolchevique”. Mientras se encontraba allí, recibió noticias de que el gobierno, en una actitud de venganza cuasi-legal estaba confiscando las propiedades de su familia. Tal vez fue esto lo que reforzó su determinación de terminar su carrera de abogado. Estudió en Tegucigalpa y obtuvo el derecho de ejercer allí su profesión. Durante un tiempo la ejerció por toda Centroamérica, y al final regresó a El Salvador donde luchó por restaurar los derechos de su familia.26

En la otra mano, su amigo Martí, se radicalizaba cada vez más. Tenía la apariencia de un hombre de modales suaves, pero pensaba profundamente y, en contraposición a muchos estudiantes radicales, era capaz de actuar de acuerdo a su propio pensamiento cuando se presentaba la oportunidad.27

Al principio pasaba inadvertido, pero cuando hablaba le escuchaban.

En 1915 se formó el partido Socialista Centroamericano en la ciudad de Guatemala. Entre los miembros fundadores estaban Martí y dos salvadoreños más: Miguel Angel Vásquez, un viejo radical y Moisés Castro y Morales. Esta organización marcó el verdadero comienzo de la actividad comunista en América central. Ese mismo año, el presidente de Guatemala José María Orellana decidió expulsar a los izquierdistas extranjeros, Martí y Vásquez fueron obligados a abandonar el país. Llegaron a San Salvador y allí comenzó Martí sus relaciones con la FRST. Trabajó infatigablemente para la organización, tecleando en su máquina de escribir como un poseído, produciendo volcanes de propaganda e informes. Cuando Quiñónez Molina supo de su presencia, lo desterró nuevamente, pero al poco tiempo Martí entró subrepticiamente en el país y reanudo sus actividades.28

Cuando en 1927 Pío Romero Bosque llegó a ser presidente de El Salvador, los estudiantes salvadoreños se aprovecharon de la libertad que concedió para fundar la Asociación General de Estudiantes Salvadoreños (AGEUS). Generalmente, todos los estudiantes se mostraban descontentos con la política salvadoreña, pero pocos eran izquierdistas y menos todavía eran marxistas. A pesar de ello varios estudiantes fueron al campo en los últimos años de la década de los 20, como parte de un programa de educación de la FRTD conocido como la “Universidad Popular” también se formó un grupo clandestino de la Juventud comunista Internacional.29

En 1927 el gobierno comenzó a perseguir a Martí. Al ser encarcelado Martí se declaró en huelga de hambre y los estudiantes se organizaron para darle su apoyo. Los estudiantes de AGEUS aunque no eran marxistas, comenzaron a ver en Martí a un héroe popular por la simple razón de que se presentaba como el enemigo irreconciliable de las autoridades burguesas. Ya en 1928, la vida de Martí en El Salvador se hizo más difícil debido a la persecución gubernamental. en 1928 fue visto en Nueva York visitando el cuartel general de la Liga Anti-imperialista y en esa ocasión cayó en una redada. Fue posiblemente entonces que se convirtió en dirigente del SRI movimiento que después encabezó en El Salvador. En mayo regresó a Centroamérica, esta vez se dirigió a Nicaragua, lugar en que el general César Augusto Sandino estaba iniciando su campaña anti-yanki.30

Durante el año que permaneció con el movimiento de Sandino, Martí jamás cesó su empeño por convertir a sus dirigentes al comunismo. Pero Sandino no era el tipo de hombre que se podía interesar en la dialéctica y además, sus actitudes siempre fueron las de un empeño terrateniente. Era un dirigente nacional patriótico, y las prédicas socialistas de Martí eran fuente de dificultades para el movimiento, que de hecho se tenía que defender de la acusación de ser socialista con el fin de ganar apoyo tanto en su país como en el extranjero. Los dos hombres todavía se llevaban bien, cuando el grupo pasó por El Salvador. Luis Felipe Recinos que a la razón esbozaba la idea de las “Universidades populares”, para educar y radicalizar a las masas, escribió un elogio a ambos líderes.31

De hecho, al dejar las fuerzas de Sandino, Martí fue a México. En 1930 Martí estaba en Guatemala, donde recibió informes de Miguel Angel Vásquez y Jorge Fernández Anaya sobre la situación de El Salvador 32 no se conoce la fecha exacta de su regreso a El Salvador, pero es seguro que fue entre el 1 de mayo y el 1 de junio de 1930. Una vez de regreso no perdió tiempo en aprovechar los últimos caóticos días de la administración de Romero Bosque. A fin de cuentas, era Martí quien iba a ser el director de las fracasadas fuerzas del proletariado en la insurrección de enero de 1932. 33

1. LAS ORGANIZACIONES POPULARES EN LA ELECCION DE ARAUJO.

Pío Romero Bosque, que asumió la presidencia en marzo de 1927 hacía lo posible por contrarrestar el descontento estimulado por Fernández Anaya y Agustín Farabundo Martí. A mediados de 1930 descubrió que la FRST recién vuelta marxista había organizado a unos 800,000 trabajadores agrícolas, se sintió profundamente alarmado. El 12 de agosto de ese año, el gobierno emitió un decreto prohibiendo la agitación y las reuniones de trabajadores, así como la impresión o la circulación de propaganda marxista. Se autorizó a las oficinas de correo para que confiscara esa literatura subversiva. Todo esto se enderezaba a evitar una repetición de la gran petición de abril y el desfile de mayo organizado por Fernández Anaya. Pero el decreto de agosto no funcionó: la RFST respondió redoblando sus actividades entre los trabajadores agrícolas.34

El gobierno se vio obligado a retomar sus palabras con hechos. Durante agosto y septiembre de 1930 apresó alrededor de 600 campesinos en el Departamento de Sonsonate, por haber firmado un manifiesto de protesta contra el decreto del 12 de agosto. Otros fueron capturados en Santa Ana y Santa Tecla, acusados de querer organizar una seccional del SRI. A estos agitadores se les impusieron multas y muchos fueron sentenciados a la cárcel. Por supuesto nada le podría haber agradado más el ERI y el PC. Se organizó una “Campaña para la liberación de los presos políticos”. El 30 de noviembre un decreto prohibió todas las manifestaciones de las organizaciones campesinas y obreras. El 27 de noviembre hubo una manifestación callejera en Santa Ana, donde tuvo que actuar la policía. Entre mediados de noviembre y finales de febrero de 1931 fueron encarceladas más de 1200 personas acusadas de actividades izquierdistas o agitación sindical una de las víctimas fue Farabundo Martí que de ese modo quedó marginado de las elecciones de 1931. 35

El movimiento sindical creciente en El Salvador no le gustaba a ninguno de los candidatos. Esto no debe extrañar, pues todos representaban algún aspecto de los intereses conservadores. El Partido Constitucionalista al cual perteneció Miguel Mármol encabezado por Miguel Tomás Molina se había formado en oposición a Quiñónez Molina y se le consideraba como el partido de los elementos progresistas de clase media.

Al respecto Mármol dice: “… fui nombrado, por mis contactos en la zona urbana de San Salvador, Secretario del Comité Local del Partido Constitucional en San Martín, la población vecina a Ilopango, inaugurando así mi carrera política…un proceder bastante común entre los artesanos revolucionarios de San Salvador en la primera mitad del siglo; trabajar entre las masas de los pueblos, villas, ciudades cercanas a la capital, de los cuales procedíamos en buen número…”36

El movimiento sindical empezó a buscar a alguien que representara los ideales de las masas. Así fue como varios grupos sindicales empezaron a barajar el nombre de Arturo Araujo. Fue hasta el 4 de julio que decidió oficialmente convertirse en el defensor de los trabajadores.37

Araujo se convirtió en un dirigente del descontento popular contra la tiranía de los Meléndez. En 1922 apoyó una rebelión que se inició en Arcatao. El movimiento fracasó por la falta de apoyo local, pero sirvió para que Araujo estableciera sus cartas de un liberal.

Los simpatizantes de Araujo comenzaron a formar un partido que llamaron laborista según el modelo del Partido Laborista británico tan admirado por Araujo. Los laboristas, muchos de los cuales provenían del desgajamiento no-comunista de la FRST se enfrascaron en una vigorosa campaña subrayando al elemento de la “lucha de clases” Luis Felipe Recinos, un periodista y dirigente sindical ex-comunista que había comenzado con las “Universidades populares” para educar a las masas y un grupo de estudiantes universitarios hicieron todo el esfuerzo por subrayar que los objetivos de Araujo eran revolucionarios. En un momento dado Araujo despidió a Recinos. Este fundó su propio partido, el Partido del Proletariado Salvadoreño” con el que continuó la campaña a favor de Araujo.

Es comprensible que Arturo Araujo se sintiera molesto por la imagen que se estaba haciendo de el. Por lo que, deseoso de evadir el color marxista, se volvió vitalista, una doctrina confeccionada por Alberto Masferrer. Su vitalismo se refería a una “mínimun vital” que todos deberían tener para vivir una vida humana decente. El electorado escogió por abrumadora mayoría a Arturo Araujo en las elecciones de enero de 1931.38

El 1 de marzo Araujo tomó posesión de la Presidencia, dos días después el 3, se encontró rodeado de millares de campesinos y obreros que había llegado a recordarle sus promesas de hacer un gobierno reformista. Gritaron que querían la reforma agraria. Durante tres días la muchedumbre persistió en su actitud. El gobierno no solo tenía problemas con la derecha aún antes de comenzar a gobernar, también se encontró cada vez incapaz de satisfacer con su programa a aquellos que lo habían llevado al poder..39

El mismo día que dio a conocer el programa, Opinión Estudiantil lanzó un furioso ataque al régimen. Más tarde defeccionó Alberto Masferrer todavía peor, fueron los persistentes problemas laborales, asiduamente cultivados por la FRTS y los verdaderos comunistas. El abril y mayo se llevaron a cabo una serie de huelgas campesinas. Los estudiantes universitarios dirigidos por el no-comunista Francisco Guillén Pérez, pero también por el agitador Alfonso Luna, se reunieron el 11 de julio en la Facultad de Medicina de la Universidad. Las fuerzas de seguridad no lograron disuadirlos para que se disolvieran y estalló en enfrentamiento, el 13 de julio el gobierno estableció el estado de sitio. Cuenca refiere lo siguiente: “Las protestas de los campesinos se convirtieron entonces de acciones aisladas en la zona occidental de El Salvador… en un movimiento huelguístico de fuerte e incalculables proporciones… ante el floreciente movimiento de masas vaciló entre la represión abierta y la aplicación de medidas legales, demagógicas…”40

El 2 de diciembre de 1931 se produjo el golpe de Estado que deponía al presidente Araujo, asumiendo el poder de facto, en un primer momento un Directorio Cívico-militar que después de 4 días entregó el poder al Vice-presidente General Maximiliano Hernández Martínez, que impuso una dictadura de 14 años en la que permaneció hasta 1944, gobernando al país con una mezcla de astucia y misticismo, como lo califica Anderson.

2. LAS ORGANIZACIONES DE MASAS Y AGUSTIN FARABUNDO MARTI.

No se trata aquí de establecer quien vanguardiza las masas y su movilización, sino la relación que existe entre aquellas y las organizaciones revolucionarias de carácter marxista. Es cierto que el testimonio de Miguel Mármol, recogido por Roque Dalton constituye un documento histórico de gran valor, pero no es menos cierto que Martí, es el que juega el principal rol en la vanguardia revolucionaria de la época, ya sea a través del SRI o el PCS.

La etapa de la contienda electoral de Arturo Araujo y su fugaz mandato coincide con el incremento de la propaganda y agitación de la extrema izquierda que es un hecho concreto que tiene relación con la incapacidad del gobernante de mantenerse en el poder. De ahí que la descripción sucinta de estos hechos sea importante y necesaria dentro del contexto global de la presente investigación.

Martí retornó a El Salvador en 1930. Por haber sido un combatiente y más aún, Secretario Privado de Sandino, gozó de un considerable prestigio, a pesar del hecho de que ahora se dedicaba a denunciar a Sandino como un miembro de la burguesía y un falso profeta. Contaba en ese año con el apoyo del Cuartel General del SRI en Nueva York. Poco después fue nombrado Secretario General del Comité Central del SRI en El Salvador. Fue desde esta posición que dirigió las actividades de los extremistas.41

No existe registro que señale que tuviese una posición similar en el Partido Comunista, pero el partido estaba estrechamente aliado al SRI.

Una serie de protestas de trabajadores y campesinos contra las condiciones de la depresión e incidentalmente a favor de la Unión Soviética, llevaron a cabo a principios de agosto, que como ya se indicó llevaron al decreto del 12 de agosto y a la detención de centenares de manifestantes. Fue entonces que entraron en acción Martí y el SRI (1). No solo recibieron dinero y alimentos para los presos y sus familias, sino que también se preocuparon de que las detenciones tuvieran la publicidad más amplia posible tanto interna como externamente. Tales actividades hicieron que Martí fuera detenido y exiliado antes de que se celebraran las elecciones presidenciales. Martí fue extrañado del país el 20 de diciembre de 1930. No fue sino hasta el 20 de febrero de 1931 que retorna al país, y asume nuevamente la dirigencia del SRI. No pasó mucho tiempo en que se notara su presencia.42

La decisión de hacer propaganda entre las masas campesinas fue crucial para la extrema izquierda. Hasta el último año del régimen de Romero Bosque, la FRTS se había venido concentrando en un pequeño número de artesanos y empleados de servicios en los centros urbanos mayores, pero el éxito de Jorge Fernández Anaya demostró la posibilidad del apoyo rural. Ahora con Martí y Fernández Anaya (que se fue de El Salvador en 1931) en el escenario, era inevitable que se desarrollara una vasta campaña para organizar a los trabajadores rurales.43

La propaganda entre las masas populares en su mayoría analfabeta tropezaba con serios problemas a menos que se tuviera acceso a una estación de radio y los agitadores, desde luego no la tenían. Hubo dos métodos principales para diseminarla: Uno era la “Universidad Popular” una especie de indoctrinamiento clandestino en el cual los estudiantes de la Universidad iban a las poblaciones a dar lecciones de economía, agricultura, historia e inevitablemente política a los campesinos y obreros. Estos grupos eran prominentes de Ahuachapán, Izalco, Juayúa y otros poblados del occidente del país. Un segundo método consistía en hacer uso de los maestros de escuela de la localidad, que a menudo se convertían en agentes del movimiento radical. Generalmente ellos mismos solo gozaban de una educación elemental, y aceptaban sin mucho cuestionamiento las ideas más o menos simples que difundían el SRI y la FRTS o el PCS.44

Gertrudis, fue una maestra propagandista. Entre los puntos en el programa estaban:

1. La nacionalización de los medios de transporte y comunicaciones.
2. La igualdad de oportunidades para la mujer.
3. La semana laboral de 36 horas.
4. El derecho a la sindicalización y huelga campesina.
5. La seguridad contra el desempleo por enfermedad, maternidad y vejez, así como los salarios mínimos.
6. La educación libre y universal.
7. El cultivo de todas las tierras disponibles.
8. Una tasa progresiva de impuestos.
9. La erradicación del sistema indígena de castas.

Este último punto le pareció al novelista muy interesante. Los indígenas saben “que los conquistadores blancos… los obligaron a someterse a la obediencia la servidumbre.” Pero no han olvidado esos viejos agravios ni han perdido su bravura o su esperanza.45

Una de las ideas más ingeniosas que tuvieron los propagandistas fue la de utilizar dibujos ilustrativos.

Frecuentemente los agentes de extrema izquierda se disfrazaban de buhoneros o vendedores ambulantes. Como evidencia de la ingerencia extranjera se puede mostrar un documento del SRI en Nueva York fechado el 26 de febrero de 1931, en el cual se notificaba al comité ejecutivo del SRI en El Salvador que: “Acabamos de recibir la carta adjunta en la cual se nos avisa que a partir de enero de este año recibirán ayuda económica por valor de 50 dólares que les enviaremos nosotros.46.

En adición a su trabajo rural en la zona occidental de El Salvador los militantes de la extrema izquierda iniciaron una ofensiva intensa entre los estudiantes universitarios de la capital.

De acuerdo a la investigación de Thomas Anderson se puede inferir que la FRTS, el SRI y el PC, se constituyeron en sus momentos en los propulsores de los movimientos y movilizaciones de las organizaciones de masas, tanto durante los últimos años de gobierno de Pío Romero Bosque como durante el breve período de Arturo Araujo; y, además los que propulsaron el movimiento insurreccional de 1932, después de las elecciones.

Lo anterior se confirma cuando Miguel Mármol expresa: “Personalmente me tocó organizar y atender núcleos clandestinos de la Juventud Comunista, comités locales del PC en Soyapango e Ilopango,” “Al mismo tiempo de la organización clandestina continuaban las labores de organización de los sindicatos de la Regional (FRTS) en cuyo seno los comunistas procurábamos ser los mejores, los que daban el ejemplo, porque de aquellas filas era de donde salían los nuevos cuadros del partido.” “Ya desde Guatemala me habían informado que el movimiento de masas había tomado una envergadura enorme y que lo que más faltaba era precisamente cuadros capaces de dirigir toda aquella gigantesca labor.” “Nuestro movimiento de masas tenía un profundo contenido democrático, anti-imperialista y revolucionario.” “La labor secreta de organización rendía frutos a ojos vistas en los actos masivos de protestas y la lucha contra la represión gubernamental, en pro de las reivindicaciones de los trabajadores del campo y de la ciudad.”47

Al referirse a las elecciones en las cuales participó el PC, Mármol, expresa: “Yo tenía mucho miedo de que viniera la violencia generalizada porque sabía que al pueblo le iba a tocar la peor parte y por ello en mi trabajo trataba de canalizar la furia popular hacia la perspectiva de la huelga general, nivel intermedio entre el electorerismo y la insurrección.” “Esto no lo sabía el partido, era una labor puramente personal. Y es que en esos momentos, quienes estábamos en los frentes de masas conocíamos realmente el desarrollo de la lucha, y nuestras opiniones tenían que prevalecer sobre los cálculos que allá en el Comité Central se hacían en nombre de la doctrina. Creo que por haber hecho esto con mayor profundidad y en forma organizada fue que perdimos en forma tan aplastante la batalla de 1932.”48

En cuanto a la preparación de la insurrección, Mármol expresa: “… yo propuse que llamáramos a las masas salvadoreñas, inmediatamente, a la insurrección popular encabezada por el Partido Comunista. Enumeré las condiciones favorables que a mi juicio existían para el triunfo de la misma y el logro del poder político para la posterior realización de la revolución democrático-burguesa.” “A estas alturas, la reunión se llevaba a cabo ya con Farabundo Martí en calidad de Secretario General Interino, por la ausencia de Narciso Ruiz, que a su vez había sustituido a Luis Díaz.” “Farabundo Martí finalmente estuvo de acuerdo con mi proposición aceptando que el deber del Partido era el de ocupar su puesto de vanguardia al frente de las masas. Para evitar el peligro inminente, mayor y deshonroso para nosotros, de una insurrección incontrolada espontánea o provocada por la acción gubernamental, en que las masas fueran solas y sin dirección al combate.” “Se aceptó por unanimidad (hablo de los presentes, no de los dirigentes que se retiraron) la realización de la insurrección popular armada.”49

3. LA DICTADURA DEL GENERAL MARTINEZ Y LA RECONSTRUCCION DEL PARTIDO COMUNISTA SALVADOREÑO.

La insurrección de las masas cuya vanguardia revolucionaria había sido el PCS, fracasó en 1932. Agustín Farabundo Martí, Luna y Zapata habían sido pasados por las armas, pero uno de los principales dirigentes comunistas se había salvado: Miguel Mármol, que tuvo que trasladarse a Usulután, donde junto a otros camaradas, organizaron una célula que pasó a ser la célula central del Partido Comunista en el Departamento de Morazán y luego ampliaron su influencia hacia la zona rural. Mármol se estableció allí porque no había habido prácticamente labor de parte del PCS y de la FRTS, eso les pareció favorable, especialmente cuando el General Martínez había pensado que había liquidado para siempre la actividad comunista en El Salvador.

Desde un enfoque de contenido, las primeras reuniones de organización y propaganda estaban caracterizadas por intentar analizar críticamente con los escasos elementos de juicio, la justeza de la línea insurreccional, la oportunidad de insurrección, la forma en que esta había sido llevada a la práctica, los resultados obtenidos y la reacción del gobierno contra las masas, el fracaso militar y la situación nacional después de los sucesos y, por último, la perspectiva par alas fuerzas revolucionarias. Tal como lo describe Mármol: “Como resultado de las discusiones, elaboramos un documento titulado “El por que de la insurrección y su fracaso”. En el llegaron a la conclusión de que, a fines de 1931 y a principios de 1932 existían las condiciones para plantear a las masas la toma inmediata del poder mediante la insurrección armada de las clases trabajadoras de la ciudad y del campo con el fin de implantar la revolución democrático-burguesa”. De haber tenido éxito –continúa Mármol- y de haber tenido el respaldo de la existencia de un campo socialista, el tipo de revolución a plantear de inmediato habría sido, la del desarrollo de la economía no capitalista sobre la base de la más profunda reforma agraria, las nacionalizaciones, las paulatinas socializaciones y la liberación nacional anti-imperialista. Pero para entonces… las condiciones que establecieron la existencia de una verdadera situación revolucionaria y que reclamaban el planteamiento de la acción por parte del Partido ante las masas eran las siguientes:

1. La crisis de la economía mundial capitalista iniciada en 1929 llegó a El Salvador y se cebó en las masas con especial crueldad. Los precios internacionales del café se vinieron al suelo. El hambre apareció en todo el país y la desesperación de las masas trabajadoras llegó a un nivel sin precedentes. La burguesía estaba totalmente desconcertada ante la crisis económica y por el nuevo giro político nacional desde el fracaso de Araujo y su caída. La crisis económica planteaba además a la oligarquía salvadoreña, que vio con espanto las movilizaciones de las masas, un momento crucial: su salida de la crisis y las posibilidades de su desarrollo como poder político nacional en las nuevas condiciones del mundo dependía del aplastamiento del movimiento revolucionario popular.”
2. Crisis Política Nacional. Furia contenida de las masas radicalizadas por el derrocamiento del Gobierno de Araujo, derrocamiento llevado a cabo por una fracción civil-militar manejada desde las sombras por el General Martínez a escasos nueve meses de asumir el poder con gran apoyo popular y gran pompa ceremonial. Repudio unánime a los golpistas y al nuevo gobierno.”
3. Repudio Internacional al nuevo gobierno. A un mes y días de asaltar el poder, o sea cuando se planteó por nuestra parte la posibilidad insurreccional, el gobierno de Martínez no tenía el reconocimiento diplomático de ningún gobierno del mundo.
4. El Salvador era uno de los eslabones más débiles del imperialismo en esta parte del mundo. Aún más: El Salvador era un campo de batalla de varias contradicciones interimperialistas, pero todos los imperialismos eran relativamente débiles con respecto al país. No se podía decir rotundamente que el imperialismo yanki o el imperialismo inglés tuvieran la sartén salvadoreña por el mango en aquel entonces. Inclusive el General Martínez manifestaba claramente sus simpatías germanófilas y se inclinaba por el nazifascismo. Desde luego, ya el imperialismo yanki preparaba su asalto al país y pronto llegaría a desplazar a los demás imperialismos, primero después de la masacre del 32, cuando jugó a la carta del General Martínez y luego, definitivamente, al salir victorioso de la Segunda Guerra Mundial. Es interesante ver como en la historia nos encontramos con numerosos casos en que el eslabón más débil del imperialismo en una zona es fortalecido por medo de la Violencia: masacres contra el pueblo, guerras locales entre naciones hermanas, conflictos fronterizos, etc. Si el pueblo no se apresurara a usar la violencia revolucionaria para dominar la situación favorable en un momento histórico, o, como nos sucedió a nosotros, si se usa mal la violencia, el imperialismo pone más tarde o más temprano su empujón de violencia reaccionaria y fortalece su sistema de dominación local.
5. Había extremo descontento de la burocracia estatal y de los servidores y trabajadores del Estado en general por la radical reducción de sus salarios dispuesta por el gobierno del general Martínez.
6. Había una tremenda indignación entre las masas campesinas por el acentuamiento de la explotación y la extrema violencia que la clase patronal y las fuerzas represivas gubernamentales habían venido desarrollando en contra suya en todo el país: trato de esclavistas a esclavos en fincas o haciendas, salarios de hambre, rebaja de salarios en forma arbitraria e inconsulta, despidos masivos injustificados, desalojos en contra de los colones, negación sistemática de arrendar la tierra, agravamiento de las condiciones de trabajo para los aparceros, destrucción de las cosechas de los campesinos inconformes por el método de quemar los sembradíos o echar sobre ellos el ganado de pasto, cierre de los pasos a través de las fincas y haciendas. Inclusive en el caso de que dichos pasos tuvieran la categoría de caminos vecinales-, represión directa y enconada de la Guardia Nacional en forma de encarcelamientos, expulsiones de mujeres, torturas y asesinatos contra quienes se atreviesen a protestar. Todo esto, agravado por el desempleo y hambre y todas las demás miserias extremas que trajo la crisis económica, y por el arrebatamiento del triunfo electoral a los comunistas y demás sectores progresistas en los que los campesinos y peones depositaban sus últimas esperanzas, todo ello hizo que la masa rural entrara en una actitud insurreccional aguda. Las masas urbanas del centro y del occidente apoyaban en lo fundamental el clamo que venía del campo. Las masas populares no querían seguir viviendo como hasta entonces.
7. Intensa agitación político-ideológica y propaganda social de distintos sectores extremistas, como las anarco-sindicalistas, los demagogos electoralistas, los araujistas (que habían hecho de la promesa del reparto de tierras –luego incumplida- la base de su propaganda en la campaña presidencial), etc.
8. Contábamos con un partido Comunista que, aunque poco experimentado y con grandes vacíos teóricos e ideológicos, tenía una gran disciplina y gozaba de una enorme popularidad y autoridad. Su dirección era aceptada por el movimiento obrero organizado por el movimiento campesino (en el seno del cual su línea era realmente discutida) y era muy dominante en el movimiento estudiantil y entre la intelectualidad pequeño-burguesa, además nuestro partido contaba con un buen núcleo de soldados comunistas y hasta con grupos de oficiales situados en lugares claves de la organización militar de la burguesía. En este aspecto creo que podemos decir que contábamos con suficiente fuerza dentro del ejército como para iniciar una insurrección masiva, apoyada por dicha fuerza para dar un primer golpe devastador de sorpresa, desde dentro de aparato represivo burgués. El PCS tenía, ya a los dos años de fundado, las características de un núcleo de vanguardia que, dentro de las condiciones del país en aquel entonces, podría ponerse a la cabeza de las masas y plantear la revolución. en ese sentido cubríamos todos los requisitos que habían sido señalados en las reuniones informales entre comunistas en la Conferencia de la Sindical Roja en Moscú o sea, que al lanzarnos a la insurrección no nos salíamos de los criterios corrientemente aceptados en el movimiento comunista internacional de la época. Ello nos hacía esperar asimismo que, si nuestra insurrección se veía coronada por el éxito y ante la toma del poder por el pueblo se produciría una intervención extranjera contrarrevolucionaria imperialista, tendríamos la solidaridad material y moral de todos los partidos comunistas del mundo, del movimiento obrero internacional y de la Unión Soviética de Stalin.
9. Contábamos también con un programa amplio de la revolución democrático burguesa con el que esperábamos tener un gran campo de maniobra frente al imperialismo y poder incorporar a la revolución a las capas medias, neutralizando inclusive, por lo menos temporalmente, a la oligarquía terrateniente. Este programa tenía un criterio y una sistematización de los problemas inmediatos de gobierno en la primera etapa de la revolución. incluso estaba ya designada la persona, el negro Martí, que se encargaría de coordinar los contactos para la integración de un nuevo gobierno democrático y amplio, con participación e profesionales consecuentes con el pueblo, etc.; la toma del poder por parte de la clase obrera y el campesinado para hacer la revolución democrático burguesa no era una consigna sectaria. El movimiento obrero organizado, aunque de composición primaria ya que el desarrollo capitalista en nuestro país era una fuerza decisiva. Entonces no existía la AGEUS, las organizaciones profesionales, los frentes únicos democráticos. Los problemas políticos populares se discutían fundamentalmente en el seno del movimiento obrero. Y de la población rural ni se diga. Era (campesinos pobres y peones o proletarios agrícolas) la mayoría aplastante de la población (más del 75%) y estaba en su conjunto en las posiciones más radicales e incluso tendía o comenzaba a tender hacia una insurrección espontánea.
10. Las vías legales estaban agotadas. En primer lugar las grandes masas no creían más ni en los partidos políticos burgueses ni en el juego electoral burgués. La demagogia del Partido Laborista de Araujo fue la que dio altraste con la fe en los partidos tradicionales y el fraude electoral contra nosotros hundió a todo el sistema electoral ante los ojos de las masas. Las masas indígenas y campesinas, por ejemplo, habían creído que un cambio de autoridades resolvería sus problemas, como ya expliqué, es decir, un cambio de autoridades que llevara a las diputaciones y autoridades indígenas, campesinas, etc., a autoridades provenientes de esas capas superexplotadas. Esta demanda fue muy sentida por la población y por ello fue que nuestros candidatos, extraídos realmente del seno de las masas, obtuvieran tanto respaldo. El fraude terminó con las ilusiones y la masa engañada y dolida vio que solo el camino de las armas significaba una garantía para ella.

“Creo que bastan estos aspectos de la realidad salvadoreña de entonces para comprobar que nos encontrábamos con una situación revolucionaria típica y que era necesario pasar a la acción”. (Roque Dalton, Op. cit. p. 326)

“Creo que nuestros errores fueron de derecha y no de izquierda nuestros errores fueron por una parte de vacilación en la aplicación de una línea que en lo fundamental correcta, lo cual no permitió el aprovechamiento de la oportunidad adecuada, la sorpresa, el mantenimiento de la iniciativa, etc. Nuestros errores fueron también de un tremendo desprecio por los medios materiales para la insurrección: armas, transportes, medios económicos, comunicaciones, etc. Y desde luego, nuestros fundamentales y principales errores fueron de tipo militar y organizativo. Nosotros creíamos que teníamos un partido suficientemente capacitado para dirigir la insurrección. Este es tal vez uno de los aspectos que se pueden discutir de acuerdo con los resultados, pero después de los hechos, es decir, ahora. Lo que quiero decir es que creo que estábamos a la altura de lo que corrientemente se entendía en aquel tiempo a nivel internacional como un partido capacitado para dirigir a las masas en la acción hacia el poder. En nuestra forma organizativa y en nuestra actividad seguíamos las normas leninistas fundamentales, tratando de adaptarlas a nuestro medio”.

“Desde luego es menester decir también en voz alta algo que nunca negaríamos: Los comunistas salvadoreños del 32 entendíamos que con nuestra labor revolucionaria contribuiríamos también a fortalecer las posiciones del comunismo en el mundo y que en concreto nuestra labor ayudaba directamente a la consolidación y al desarrollo de la Unión Soviética. Los comunistas siempre hemos sido esencialmente internacionalistas y precisamente por eso es que somos los mejores patriotas; por que nuestro deber internacional más alto consiste en hacer la revolución en cada uno de nuestros países”.

“También es conveniente situar, por muchos motivos y para ordenar la discusión que se pueda dar algún día sobre estos acontecimientos, el carácter leninista de la actividad del Partido Comunista Salvadoreño. Creo que los hechos siguientes lo fundamentan:

- Nuestra actividad estuvo dirigida principalmente a las masas trabajadoras de la ciudad y el campo, es decir al sector explotado fundamental del país; – Estuvo ligada como lucha de masas a todas las capas susceptibles de incorporación o sea: Campesinos medios, dueños Pobres de taller, pescadores, vendedores de pequeño comercio ambulantes o no, inquilinos de tierras y vivienda, estudiantes y profesionales, burgueses progresistas, etc. Para cada sector, nuestro partido elaboró programas de demandas específicas sobre las cuales basar su integración a la lucha. Se organizó a los desocupados en demanda de pan y trabajo. – Se reconquistó por parte nuestra, la dirección de la Federación Regional de Trabajadores Salvadoreños, principal organización de masas del país, arrebatándola de manos de los reformistas y anarco-sindicalistas, lo cual a más de una necesidad concreta en nuestro país para el desarrollo del movimiento revolucionario, era un problema planteado a nivel mundial para todo el movimiento comunista; – Se proclamó muy principalmente nuestra ligazón internacional con todos los revolucionarios del mundo y con todos los explotados. Proclamamos entre las masas nuestro apoyo a la lucha anti-imperialista del General Sandino en Nicaragua, la China revolucionaria, etc. y nuestra solidaridad con el movimiento internacional de los obreros y campesinos organizados y con la Unión Soviética. – Organizamos y dirigimos huelgas económicas amplias y numerosas en la ciudad y el campo y realizamos incontables y amplias acciones de masas (mítines, concentraciones campesinas –públicas y secretas-, manifestaciones políticas y sindicales, acciones de agitación y propaganda, etc.) contra la injusticia social y el imperialismo, contra la política represiva del régimen que elevaron la conciencia de las masas y contribuyeron a profundizar la crisis política nacional. – Teníamos asimismo una política concreta (la revolución democrático burguesa en los términos que he dejado expuestos) y un programa detallado.

“Para dar un panorama completo, los pro y los contra, quiero decir que quienes en el interior del partido se oponían rotundamente a la insurrección, daban para fundar su criterio las siguientes razones:

1. Que solamente teníamos una influencia parcial en el país y que no contábamos con el apoyo de la zona oriental de la República. So era falso. Teníamos hasta apoyo militar en la zona oriental y el trabajo de agitación y propaganda era amplio, aunque que menos que en el centro y occidente. Además contábamos con que una vez tomadas todas las imprentas y los periódicos, podríamos inundar Oriente con nuestra propaganda, destacar equipos de agitadores especializados etc.
2. Que el imperialismo norteamericano por mucho menos de lo que nosotros proyectábamos había invadido Nicaragua y no dejaría pasar 24 horas sin lanzarnos la invasión militar directa en el caso de que tomáramos el poder, y que no estaríamos en capacidad de hacer frente a sus tropas modernamente equipadas y con gran organización. Esta tesis se nos echó en cara antes y después de la insurrección y no solo en El Salvador sino en el seno de la Internacional. Nosotros sin embargo no creíamos (yo veo aún que había mucha razón en nuestra apreciación) que una intervención armada directa del imperialismo fuera fatal, segura. Pero incluso ante la realidad de una intervención Yanki de gran envergadura, el General Sandino nos había mostrado ya el camino desde las selvas segovianas de Nicaragua: La guerrilla en la montaña, la guerra nacional contra el invasor.
3. Que nuestro partido no estaba en capacidad de dirigir a las masas hacia la insurrección, ni política, ni organizativa, ni militar, ni ideológicamente. (Dalton, Roque: Op. cit., p. 330-332)

Después de los trabajadores de análisis, se reinició el trabajo organizativo partidario en Usulután. Una de las primeras tareas fue agrupar a los comunistas o simpatizantes dispersos en la zona oriental que fueran residentes en la misma y se hubieran quedado sin contacto o hubieran llegado huyendo de la zona occidental. El núcleo inicial de Usulután, como ya se indicó actuó como núcleo de dirección, ya que no se tenían contactos con la dirección del PCS, o mejor dicho, nos e sabía si existía en el país una dirección de partido o restos de la misma.

Cuando se tuvo un mínimo de organización actuando se decidió utilizarla en labores políticas dirigidas a las masas, con el criterio de que no se podía permanecer mucho tiempo en la clandestinidad, sino que había que demostrar al gobierno y a las masas la vitalidad del partido de los comunistas, había que dar señales de vida y acción para demostrar que ni las masacres ni la ola de terror, podrían evitar completamente a un movimiento revolucionario. Una de las principales labores, al principio fue la de enviar protestas al gobierno y sus sectores de apoyo por los atropellos antipopulares de que se tenía noticias. Las protestas se enviaban por telegrama o por correo y desde diferentes poblaciones. El lenguaje se disfrazaba, pero los destinatarios entendían el mensaje. Pero, de todas maneras era imposible ocultar que la actividad renacía en la zona oriental del país.

Luego se pasó a elaborar y difundir propaganda sindical exhortando a la clase obrera a reorganizar sus aparatos. Una vez se avanzó en ese trabajo se pasó a elevar la calidad de los nuevos militantes de las células rurales y urbanas. Se prepararon esquemas de organización que circularon entre los miembros de las células, esto sirvió para ir formando los nuevos cuadros de militantes, en la idea de que la organización comunista tiene sus normas, sus reglamentos, sus formas específicas de funcionamiento, que si bien no son dogmas rígidos ya que deben adaptarse a las circunstancias de la realidad, que sirven para crear un marco general y operativo. Estos esquemas organizativos logran sus objetivos de organización en Usulután, tanto entre obreros de tenerías especialmente, así como contribuyeron a ampliar el círculo de simpatizantes entre la pequeña burguesía, estudiantes y profesores. Ya para Noviembre de 1932 había suficiente fuerza como para manifestarse en acciones políticas.

La primera manifestación fue organizar la protesta contra la introducción de la fotografía en la cédula de vecindad, medida que entre otras iba ligada a las necesidades de identificación y control anticomunista. Se decidió hacer una “carteleada” en la ciudad de Usulután. Por la noche comisiones de las células comunistas colocaron carteles en los lugares más visibles de la ciudad.

Toda esta actividad había sido desplegada por Miguel Mármol y otros comunistas, que frente a la reacción de las fuerzas del gobierno por la acción anteriormente citada, se traslado a Santa Elena desde donde continúo centralizando las actividades clandestinas por medio de enlaces que recorrieron la zona oriental. Mientras tanto Mármol hacía una vida y actividades clandestinas, poco a poco fueron llegando noticias de todo el país sobre el renacimiento lento y dificultuoso del movimiento revolucionario.

El 5 de Agosto de 1933 los comunistas de Usulután decidieron que Mármol regresara a San Salvador. La organización en Usulután podía controlar la zona oriental. Durante el año que Mármol permaneció huyendo fueron efectivos, política y organizativamente los comunistas sobrevivientes. Estaban dispersos pero hacían reuniones para aprovechar alguna oportunidad de trabajo con el esfuerzo de nuevos militantes de Santa Ana y otras zonas del occidente.

Estos comunistas habían dado por reorganizado el partido reconociendo como comité central el equipo de dirección que operaba en San Salvador. Uno de los comunistas que reiniciaron la labor partidaria fue Julio Fausto Fernández que llegó a ser Secretario General del Partido. El trabajo del PCS creció y se organizó los correos entre las células en todo el país y no obstante los obstáculos y limitaciones la organización creció y se mantuvo un reclutamiento constante con criterio selectivo. El juramento que se tomaba a los nuevos militantes se hacía en nombre del Comité central, del PCS sección de la Internacional Comunista.

Los contactos en el interior del país mejoraron y de nuevo la actividad se orientó hacia el occidente del país, logrando organizarse en Sonsonate. El 25 de Noviembre de 1934 Mármol fue detenido por las autoridades. Durante catorce meses estuvo detenido hasta que fue puesto en libertad el 21 de Enero de 1936 bajo ciertas condiciones restrictivas de su libertad que el dirigente comunista aceptó.

Tiempo después, Mármol logro hacer contacto con un comunista que le manifestó que un grupo de comunistas habían continuado trabajando organizativamente, entre ellos, Alejandro Dagoberto Marroquín, Julio Fausto Fernández y Amparo Casamalhuapa. Estos habían impulsado algunas protestas al régimen. Después de varios esfuerzos. Mármol fue invitado a una reunión del PCS, donde encontró nuevos dirigentes: Alejandro Dagoberto Marroquín, Amparo Casamalhuapa, Antonio Rodríguez Porth, Fernando Vasilio Castellanos, Julio Fausto Fernández. Allí se dio cuenta de los resultados de la organización y las actividades que habían planificado.

Se discutió como ligar al partido nuevamente con el pueblo. Mármol expresó que antes de lanzar el partido a la calle se debería partir de la realidad. El aparato del PCS había quedado destruido, y que habían que reconstruirlo, reorganizar y hacer funcionar la dirección e intensificar el reclutamiento clandestino. Como primera tarea se elaboró una lista con nombres de comunistas y ex-comunistas con posibilidades políticas y morales para regresar, simpatizantes y personas de pensamiento progresista y se informó de organismos que ya habían sido fundados en Santa Ana.

Debido a que la vigencia a que había sometido Miguel Mármol y los suyos fue constante, decidieron no hacer reuniones grandes, sino organizarse en células de tres y hasta cuatro personas. Alejandro Dagoberto Marroquín tuvo que salir rumbo a México, es decir, fue exiliado, mientras una nueva generación de universitarios habían llegado al PCS: Tony Vassiliu Hidalgo, Matilde Elena López, Toño Díaz, todos habían sido influenciados por Marroquín. aquí hubo una ruptura, los obreros quedaron encabezados por Ismael Hernández, Modesto Ramírez y Miguel Mármol.

Los comunistas salvadoreños se dividieron en tres grupos que trabajaban paralelamente. Un grupo dirigido por Toño Díaz, un obrero; el otro por Amparo Casamalhuapa y el tercero por Mármol. Así transcurrieron meses en que no se logró establecer la unidad; y, ninguno de los grupos creció lo suficiente para imponer una línea central y atraer a los demás.

Ni la dirección del Partido Comunista Mexicano pudo unir a los grupos. Sin embargo, poco a poco fueron demostrando las posibilidades unitarias. Surgió entonces una propuesta de unificación en un comité central integrado equitativamente por las tres fracciones dirigidas por un Secretario General. Como paso previo para unificar a las bases. Los grupos aceptaron y un comunista hondureño ocupó la Secretaría General.

A la sombra del régimen que pretendió organizar a los zapateros, el movimiento “Reconstrucción Social Salvadoreña”, para ampliar la base de apoyo social del gobierno del General Martínez. Miguel Mármol y otros comunistas aprovecharon esta oportunidad para organizar la “Alianza Nacional de Zapateros” se constituyó la junta directiva y Miguel Mármol fue nombrado Presidente. En dos meses quedó instaurada la Alianza a nivel nacional fue la primera experiencia organizativa independiente de los obreros salvadoreños después de la insurrección fracasada de 1932. Quitó miedo a los gremios y dio perspectivas a l frente sindical. A partir de esta experiencia se fueron organizando los obreros disfrazados o abiertos, sociedades de artesanos, asociaciones de ayuda mutua, juntas de vecinos y trabajadores. Incluso se celebró en Usulután un Congreso Nacional de Sociedades de Trabajadores y los barberos crearon su sociedad.

Los obreros de la fabricación de tejidos “Martínez y Saprisa” se organizaron para crear una alcancía colectiva pero cuya idea era evolucionar al sindicato. Alianza se retiró del seno de “Reconstrucción Social Salvadoreña”. Todo esto había estado ocurriendo a finales de la dictadura del General Martínez y se entrelazaba con las diversas conspiraciones que se organizaban para derrocar la dictadura.

4. LAS ORGANIZACIONES DE MASA, EL PARTIDO COMUNISTA SALVADOREÑO Y SU NUEVO ASCENSO DURANTE EL PERIODO: 1944-1948.

La rebelión militar del 2 de Abril de 1944 contra la dictadura del General Martínez, sorprendió a los salvadoreños, la Alianza de Zapateros no supo nada. Sin embargo, el PCS había tenido alguna información sobre el movimiento y había colaborado con recomendaciones, consejos y afianzamiento de contactos a los diferentes grupos participantes.

Fue Matilde Elena López de la nueva hornada comunista que por medio de una radio local que estaba en manos de los rebeldes anunció el derrocamiento del General Martínez. Todos hablaban por la YSP incluyendo a dos comunistas de la Alianza (Luis Felipe Cativo y Antonio Garay) exhortaron al pueblo para apoyar la rebelión en nombre del gremio y la Alianza. Todos querían participar en la rebelión pero no sabían como, cientos de personas se aproximaron al Primer Regimiento de infantería y luego a la Caballería, pero la oficialidad inteligentemente no les entregó armas. se dirigieron a la YSP desde donde se había hecho el llamado a la rebelión y donde se decía estaba el doctor Arturo Araujo que había sido señalado como el máximo dirigente civil de la rebelión.

Los líderes del 2 de Abril no se habían preparado para luchar de verdad, creyeron que iban a derrumbar al gobierno por teléfono, con el solo requisito de asesinar al General Martínez, “y la verdad es que quien los venció por teléfono fue Martínez” El General se dirigió a la ciudadanía diciendo que tenía controlada la situación, que un pequeño grupo de criminales se habían levantado contra la ley y que iban a proceder con todo rigor para restablecer por completo el orden. Decretó el Estado de Sitio e implantó la ley Marcial y la instalación de Tribunales militares. Miguel Mármol, ahonda más sobre estos puntos en la obra de Roque Dalton ya citada.

Luego de fallar los militares y algunos civiles en la rebelión del 2 de Abril vendría el pueblo a expresarse unitariamente en las luchas de Mayo.

Frente a esta situación, las organizaciones gremiales dejaron de funcionar, los dirigentes de todos los sectores fueron estrictamente controlados por el régimen y el PCS había quedado tan reducido que no tenía vinculaciones con el pueblo. Así un grupo de comunistas se reunieron para considerar la situación llegando a la conclusión de que habría que crearse el instrumento adecuado para canalizar la acción popular en contra de la dictadura o sea un partido político de masas, de amplia orientación democrática que pudiera incorporar a sus filas a la mayoría de trabajadores del país. Sería un partido no sectario, antifascista y antidictatorial. El momento era preciso porque otros sectores sociales hablaban de organizarse para luchar, sobre todo los estudiantes universitarios, la pequeña burguesía urbana, etc.; y, era prudente tratar de construir, con perspectivas a largo plazo, un partido que tuviera de frentes a la clase obrera organizada.

Era claro que una organización así lo podría comenzar a construirse en la clandestinidad. De esa reunión salió el nombre de partido: Unión Nacional de Trabajadores UNT). Se integró una comisión nacional de organización así: El estudiante Amílcar Martínez, el periodista Benjamín Guzmán y a los obreros Pedro Grande, Luis Díaz (que había sido el primer Secretario General del PCS) y Miguel Mármol que había mantenido aunque precariamente por sus propias condiciones de persecución, el PCS, especialmente en Usulután, Santiago de María y Santa Elena y otras poblaciones del oriente del país.

Los estudiantes universitarios llamaron a una huelga general nacional que se llamó: “Huelga de brazos caídos”, en su dirección se destacaron el bachiller Reynaldo Galindo Pohl, Raúl Castellanos Figueroa, el doctor Fabio Castillo y otros. El país, se paralizó.

Desde el seno de la clandestina UNT en organización se impulsó a la clase obrera de todo el país bajo la consigna siguiente: “Unidad Nacional de todas las fuerzas populares y democráticas del país contra la tiranía Martinista sobre la base de la huelga general nacional de brazos caídos hasta derrocar a la dictadura. Trabajadores: a organizarse políticamente en las filas de la UNT.”49

La huelga general nacional dio el tiro de gracia al dictador, lo dejó sin puntos de apoyo. El 9 de Mayo de 1944 el General Martínez en mensaje dirigido a la nación, renunció a La Presidencia de la República. Derrocado el Presidente, la UNT convocó a un Pleno Nacional como medio de salir a la luz pública consultando a las masas. El pleno adoleció de fallas no fue capaz de analizar lo ocurrido en el proceso que culminó en Abril y Mayo de 1944. No se pudo saber cuales fueron los elementos que construyeron la sólida unidad nacional que terminó con el régimen, como funcionó el proceso de unificación de los diversos sectores sociales, que sector aportó más a la lucha.50

Por parte de los comunistas tampoco se profundizó acerca del papel del PCS en la conspiración, si el partido participó como organización o si solo participaron algunos comunistas en lo individual. Cuales fueron las condiciones de participación del PCS o de los comunistas individuales al lado de los otros sectores, cual fue su responsabilidad en su fracaso; que papel jugó en la huelga de Mayo, detalladamente.

L UNT comenzó a caminar, sin conocer los elementos del proceso que se estaba desarrollando en el país y la perspectiva abierta, como dice Mármol: “…caminar como el ciego, tanteando paredes y ventanas, por falta de clarificación de los hechos que tenemos a mano. Como necesidad previa para dar el próximo paso, ha sido siempre la enfermedad infantil de la izquierda salvadoreña y parece que lo sigue siendo”.51

Nadie se preguntó porque los revolucionarios del país habían perdido trece años de historia, desunidos, odiándose entre sí, acusándose de cobardía, desviación de la línea correcta, traición, inmoralidad

Última modificación: 6 de octubre de 2006 a las 23:33

Hay 2 comentarios

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    Por lucero recinos fiorillo

    Quisiera saber la biografía del periodista salvadoreño luis felipe recinos olano o algunas fotos de antemano gracias por su colaboración

    20 de octubre de 2012 a las 16:49 - (permalink)
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    Por lucero recinos fiorillo

    En que año murió el periodista salvadoreño luis felipe recinos y de qué murió y el nombre de su ciudad natal MUCHAS GRACIAS

    17 de julio de 2014 a las 10:40 - (permalink)